Sí, existen los ricos; y sobre todo los pobres

Publicado: 12 septiembre 2011 en Uncategorized

El abogado José María Ruiz Soroa se pregunta hoy en las páginas de Opinión de El País “¿Existen los ricos?”. Opina que hablar de que paguen los ricos la crisis es una simplificación populista, una moda a la que es difícil decir que no, pues quién puede decir que no a la exigencia de que contribuyan más los ricos ante las dificultades por las que pasa el estado de bienestar.

Pero dicho esto, entra en la demagógica diatriba de considerar que determinar técnicamente quién es rico, no es posible, o al menos es muy difícil. Pues si en teoría rico sería el que tiene una renta elevadísima o mucho patrimonio, cuando esto se trata de trasladar a la norma fiscal, ahí empieza el problema. Si mirmos el IRPF rico sería ese 1% de la población con mayores rentas, o las 100.000 personas que ganan 8.250 euros/mes, unos 1250.000 euros/año, entre los que se encuentran los miembros del Tribunal Constitucional, dice Soroa, aunque podría haber dicho otros muchos. Pero pone el ejemplo de esos probos altos cargos o servidores públicos para llamar la atención sobre lo injusto que es considerar “ricos” a aquellos que no son sino clase media alta.

Y si miramos al patrimonio, mientras exista un diferencial tan grande entre lo que paguen los titulares físicos y los jurídicos, resulta que hasta los yates están a nombre de empresas y no de personas particulares. Por tanto, si queremos recaudar de los que tienen mucho patrimonio, hay que reformar el Impuesto de Sociedad (sostiene Soroa), con lo que nos cargamos a aquellos empresarios que producen, y liamos la mundial.

En la filosofía griega hubo una deriva de intrépidos maestros del pensamiento que se llamaron sofistas. Soroa creo que ha bebido ávidamente de esas fuentes intelectuales, pues es un perfecto sofista. Porque según esto, claro no existen ricos o al menos es muy complicado concretar quiénes son. Pero Vd. y yo sabemos que hay ricos y pobres, sobre todo pobres. Y esa realidad no la puede cambiar la lógica sofística, ni ese abogado de ricos llamado Soroa que suscribe la opinión de El País.

Porque hay algo que omite el opinante, y es que entre el IRPF y el I.Soc., podría haber otras figuras fiscales como son el Impuesto de Patrimonio, que el gobierno quiere resucitar en el próximo Consejo de Ministros, a propuesta del candidato Rubalcaba. Podrá recaudar más de mil millones de euros, y seguro que vienen de los ricos que existan con un patrimonio mayor de equis cantidad de euros.

Pero además, ¿quién ha dicho que los que ganan más 8.250 euros/mes no pueden pagar más en el IRPF? Fueron Solbes primero y Rato después los que rebajaron desde el 56% que cotizaban a mediados de los 90, hasta el 45% que cotizan ahora. Una reforma del IRPF que exija un esfuercito de esos semi-ricos, no vendría mal, sobre todo si son miembros del Tribunal Constitucional, que tienen que dar ejemplo de contribuir a la solución de los problemas de las clases menos favorecidas.

Además existe una posibilidad de crear un Impuesto sobre las Grandes Fortunas, como en Francia, que detecte esas grandes fortunas entre los titulares de las grandes empresas (sabemos perfectamente lo que gana Amancio Ortega, Brufau, etc.), los titulares de los contratos financieros y todas aquellas personas que por índices de consumo suntuario son susceptibles de ser considerados como gente rica, aunque aparentemente no tengan la titularidad de los bienes de los que disfrutan, vayan si disfrutan… Será cosa de una norma bien diseñada y de una Hacienda con medios personales y materiales adecuados, para que desaparezca la “dificultad técnica” que esgrime engañosamente Soroa para concluir que no existen ricos.

(Intencionadamente paso por alto la digresión que hace Soroa sobre ricos en sentido horizontal para designar que hay comunidades autónomas ricas y pobres, con cupo o sin cupo, etc., pues en el fondo esto es un elemento puramente distractivo para el lector, ya que de lo que se trata es de marear la perdiz para acabar con la misma conclusión sobre lo difícil que es definir quién es rico y quién no).

Donde realmente se aclara lo falaz de la argumentación y el verdadero objetivo del artículo de opinión de Soroa es en párrafo final cuando concluye que como “hablar de los ricos y sus impuestos es muy complicado”, lo mejor es que subamos “un poquito el IVA y nos dejamos de complicaciones”. Genial. Porque subir el IVA no sólo es más fácil, sino también más injusto. Con otra subida del IVA pagamos todos por igual, es verdad, pero desde rentas absolutamente desiguales, y por eso la regresividad del impuesto implica una enorme injusticia. ¿Dónde está la preocupación de Soroa por ese injusto trato que recibirán los magistrados del TC o clases medias altas si hacemos impuestos para ricos, cuando al final también a ellos se les va gravar injustamente? Con la subida del IVA, el tratamiento discriminatorio a las clases medias altas es una injusticia media baja, mientras que el trato discriminatorio a las clases medias bajas es una injusticia media alta, y el trato discriminatorio a las clases pobres es una injusticia alta o altísima.

Por cierto que, ya que hablamos de impuestos, recomiendo a la izquierda (a IU, claro) que no hable sólo de subir impuestos a los ricos. Que al mismo tiempo hable de bajárselo a los pobres. En Andalucía el entonces presidente Chaves prometió eximir del pago del IRPF a los que tenían rentas menores a los 12.000 euros al año. De eso hace al menos diez años, nunca se ha cumplido, y hasta hoy. Bajar impuestos a las rentas más bajas es una cuestión de justicia distributiva y también de idoneidad macroeconómica, pues es necesario responder al reto de incrementar la demanda interna, el consumo, para relanzar la economía y el empleo.

Los opinantes neoliberales se buscan excusas para ocultar su verdadera intención: no subir los impuestos en el fondo es desentenderse del porvenir del estado de bienestar, o mejor dicho, propiciar los recortes de los servicios públicos esenciales como la sanidad, la educación y los servicios sociales, para preparar a la población (especialmente a esas clases medias altas a las que defiende Soroa) para la privatización generalizada de segmentos cada vez más importantes de esos servicios públicos. Sanidad para ricos y sanidad para pobres, educación para ricos, para pobres y para superdotados (ya está en Madrid), y servicios sociales en manos de la almas caritativas de toda la vida (frailes y monjas), además de las mujeres y familiares de los dependientes.

PVP110912

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