Archivos para junio, 2013

La derecha ejerce el poder de forma omnímoda allí donde puede, sin miramientos y sin complejo de ninguna clase. La izquierda es distinto. Primero, porque la izquierda democrática cuando accede al gobierno, no es el poder lo que ejerce, sino solo el gobierno, que es solo una parte del poder, y no precisamente la más importante. Porque donde realmente reside el poder es en la punta del fusil (como decía Mao) y sobre todo en la punta del ratón de los brockers financieros, en los sillones de los grandes ejecutivos y en los propietarios de ls cuentas de Suiza y otros paraísos fiscales.

            El poder es parte del patrimonio de la derecha. Y lo ejerce como tal, incluso cuando está en la oposición. Porque la derecha es la representación política del poder económico, que lo detentan unos pocos. De ahí viene su conservadurismo. La derecha es conservadora del statu quo incluso cuando se presenta revestida con la piel del cordero reformista. Rajoy, por ejemplo, está haciendo muchas “reformas estructurales”. Pero, como decía Marcelino Camacho, no son “reformas” sino “contrarreformas”, pues lo que pretenden es revertir el modelo de sociedad y reparto de la riqueza creada en la época en que la hegemonía la ostentaba la izquierda en nombre del pueblo, de los de abajo.

            Por eso la derecha es por esencia autoritaria porque ejerce el poder en nombre y para provecho de una minoría privilegiada, y solo admite el modelo de sociedad democrática cuando le conviene, o cuando no le queda más remedio. Y la izquierda es democrática pues ejerce los valores de la igualdad y la justicia social, incluso cuando, para preservarlos tiene que mantener la hegemonía de los intereses populares a través de formas más o menos autoritarias. De ahí que, pese haber ganado siempre las elecciones democráticas en Venezuela, la derecha siempre le ha tachado de dictador. De ahí que aunque la China comunista haya realizado el milagro de realizar las revoluciones industrial y tecnológica que costó en Occidente dos siglos y medio, en cuarenta años, y con elo hayan conseguido dar de comer a mil trescientos millones de personas, se tilde el régimen chino como dictatorial, pues formalmente lo es.

            Es la contradicción entre las formas y el fondo. Por ejemplo, el FMI es una institución formalmente democrática, pero en el fondo defiende e instaura allá donde puede la dictadura del dinero, exigiendo el cumplimiento del dogma neoliberal, para garantizar la consecución de la ley de oro del capitalismo, que es la acumulación del capital, el incremento incesante de la tasa de beneficios. Y los dirigentes de los países que quieren salirse del redil neoliberal deben apoyarse en el pueblo, y a veces cambiar el texto de sus “democráticas” constituciones de derechas para prolongar lo más posible el poder del pueblo frente a las insidias demagógicas e incluso frente a la violencia de la derecha parafascista. Buena prueba de esto se viene produciendo en los estados bolivarianos. Emergentes en lo económico y populistas en lo político.             

            Porque la derecha ejerce su hegemonía mediante los tres tipos de poder que existen: el poder político, el poder económico y el poder cultural. El poder económico lo ejercen siempre, de forma subliminal, haciendo concesiones cuando no tiene más remedio, o de forma coercitiva mediante la violencia fascista o el chantaje neoliberal. El poder político lo ejerce directamente cuando lo obtiene, bien de forma democrática mediante su victoria en las urnas, bien de forma violenta, imponiendo a sangre y fuego la dictadura del dinero y de la espada a la vez, mediante los golpes militares (la dictadura de Franco es un ejemplo no tan lejano en el tiempo medido históricamente), la corrupción de la compra de los votos parlamentarios necesarios (la dictadura chulapona de Esperanza Aguirre obtenida con el “tamayazo”), o la concentración del poder mediático (la supervivencia del berlusconismo es el ejemplo más claro y próximo)

            ¿Y el poder cultural? Para obtener la hegemonía social, la derecha busca los mecanismos de ejercer el poder cultural o ideológico. Porque las ideologías existen. Fue el filósofo marxista francés Louis Althusser el que elaboró de forma más acertada el concepto de ideología en su artículo “Ideología y aparatos ideológicos del Estado” (1970). Para este autor, formalmente la ideología es la relación imaginaria entre los hombres y sus condiciones de existencia, mientras que el contenido de la ideología lo constituyen las prácticas individuales conscientes, reguladas por rituales inscriptos en los aparatos ideológicos, de los cuales derivan. En este sentido, ideología-práctica-sujeto se constituyen mutuamente. Es decir, los sujetos son a la vez destinatarios-constituidos y soportes materiales-constituyentes de la ideología. Por eso toda ideología se ejerce mediante dos funciones: a) el reconocimiento ideológico-efecto propio de la ideología que impone las evidencias que los sujetos no pueden dejar de reconocer, precisamente porque no aparecen como imposiciones y son por tanto desconocidas por los mismos; y b) la interpelación de los individuos concretos como sujetos concretos. Con esta función de interpelación se produce el mecanismo de reclutamiento de la ideología, por el cual los sujetos se someten libremente y reconocen a un Sujeto Único y Absoluto en el que se ven reflejados y reconocidos como sujetos, y por reconocerse como tal a sí mismos, se reconoce a los demás y a la relación entre sí existente.

            ¿Qué mecanismos proporcionan a la ideología esta aquiescencia primigenia, esta aserción de su veracidad desprovista de toda sospecha? Escribían  Gonzalo Abril, José Sánchez Leyva y Rafael R.Tranche (El País, 1/9/2012) un artículo titulado “La ocupación del lenguaje” que no tiene desperdicio. Se resumía analizando los siguientes hitos:

a)     Retorsión de los conceptos: Por ejemplo, la internalización de la equivalencia entre los conceptos “libertad” y ”seguridad”. Así, el “Plan de Garantía de los Servicios Sociales” de Castilla La Mancha es simplemente el programa de recortes de Cospedal. ¿Cinismo? Desprovista la crítica de su contenido moralista, diríamos que se trata de pura ideología. Pues lo peor de todo es que la mayoría social acaba creyéndoselo, lo mismo que sus propios autores, que acaban creyéndose sus propias mentiras. Otro ejemplo: el “Proceso de regularización de activos ocultos” es la amnistía fiscal de Montoro; y la “Ley de  la Economía Sostenible” de Zapatero no era sino el anuncio del viraje que le había impuesto la UE hacia la estrategia de los recortes en nombre del dogma neoliberal de reducción a toda costa del déficit público. En nombre de la sostenibilidad se afirma que “hemos despilfarrado” en el pasado (inversión de las culpas desde los promotores a sus víctimas), o que “la sanidad gratuita es insostenible” (ocultando el verdadero interés de privatizarla, para promover el negocio de los amiguetes del Carajillo Party), o que “los padres tienen derecho a que los colegios enseñen religión a sus hijos” (cuando se trata de seguir privilegiando el status de la Iglesia Católica en el sistema educativo español), o el mensaje archirrepetido por Gallardón del “derecho a la vida” o de “proteger los derechos de la madre” o “de los no nacidos” (como si con el reconocimiento del derecho al aborto alguien quisiera abortar por capricho o imponer el aborto a quien desee mantener el embarazo hasta sus últimas consecuencias, incluso con riesgo de la propia vida de la madre), o el slogan de “hacer una nueva reforma laboral para crear empleo” (cuando la experiencia nos ha demostrado en múltiples ocasiones que estas reformas laborales que “flexibilizan” el mercado de trabajo sólo sirven para favorecer el despido masivo de trabajadores y abaratar los salarios, precarizando las relaciones laborales y recortando derechos hasta límites otrora insospechables en la España que creíamos “democrática”). Y así sucesivamente.

 b)     Usurpación de la terminología de la izquierda. La derecha se apropia del lenguaje de la socialdemocracia o de las consignas socializadoras. Así, Rajoy y Arenas han utilizado en 2011 la imagen del “cambio” que llevó a Felipe González a La Moncloa en 1982. Los neoliberales de hoy se presentan como “reformistas”, mientras achacan a las políticas de los sindicatos que son “anticuadas, reaccionarias y antisociales”; y presentan las reformas actuales “conquistas históricas” o “revolucionarias”, cuando en realidad son recortes de salarios y derechos, y una vuelta a las políticas del siglo XIX o más atrás. Lo que Tathcher y Reagan hicieron fue la “revolución conservadora”, según los neoliberales, cuando en realidad se trataba de reinstaurar el darwinismo social, la meritocracia elitista del Antiguo Régimen heredada por las burguesías triunfantes surgidas al calor de la revolución industrial, para favorecer la acumulación de capital requerida por la adecuación de sus privilegios en plena revolución tecnológica.

 c)     La estigmatización de los servidores públicos y de la actividad colectiva o cooperativa: los médicos, enseñantes, funcionarios, estudiantes y trabajadores fijos son parásitos ineficientes, y los parados son holgazanes a los que hay que meter en cintura para que no dilapiden en subsidios el dinero público, dándoles una segunda oportunidad con más cursillos formativos, más títulos (para exhibirlos infructuosamente en su búsqueda de empleo), o sobreexplotándolos en contratos de “colaboración social”, o exhibiéndolos como beneficiarios de la reforma laboral. Grifols, un empresario farmacéutico de ideología neoliberal al uso, ha propuesto que los parados donen sangre, equiparando a los parados con una especie de desechos corporales mercantilizables, como si de el cerdos se tratase, de los que se aprovecha todo, hasta los andares. Lo mismo pasa como los usuarios de la sanidad pública, cuya enfermedad se convierte en fuente de mayor déficit público, por lo que deben copagar la asistencia y los medicamentos, pues su debilidad individual empobrece a la nación, al colectivo. Excuso decir la atención a los inmigrantes, que son una especie de turistas gorrones, a los que se debe impedir que se lucren de la riqueza colectiva, expulsándolos de los mecanismos de seguridad, protección y salud públicos.

 d)     Argumentación simple y de comprensión inmediata. Rajoy no hace más que repetir que él aplica políicas “de sentido común”, pues, como todo el mundo sabe, “ya no hay ideas de izquierdas o de derechas” (así se presentan algunas fuerzas políticas y algunos políticos, como Alicia Sánchez Camacho, Rosa Díez, y en general UPyD, Equo o Ciutadans). Detrás de la negación de las diferencias ideológicas no sólo se esconde una mentira flagrante, sino que se pretende impedir al oponente discrepar, razonar dese otra lógica, establecer su propio código de valores, expresar su forma de ver las cosas. Este dogmatismo pretende reducir la tarea del oponente a la de mero colaborador con el sistema, en función de valores superiores que hay que preservar (la patria, la imagen en el exterior, las garantías que hay que dar a los mercados…) ¿No les suena esta cantinela en los discursos de Rajoy y Rubalcaba en defensa de su Pacto?  Eufemismos, atenuación y exageración (“haré cualquier cosa que sea necesaria, aunque no me guste y aunque haya dicho que no lo iba a hacer”). Ideas simples y de rápida asimilación que se extienden a justificar la no renovación de los contratos de los interinos o de los contratados temporales, que no son despidos, sino “no renovaciones”. Y el premio al cinismo simplista se lo lleva Beteta, cuando conmina a “los funcionarios a olvidarse de tomar el cafelito, de leer el periódico, o de entrar y salir con la bolsa de la compra”, como si esas prácticas fuera las causas profundas de la crisis, y su erradicación el mejor método para salir del túnel.

 e)     La construcción de marcos de sentido: La derecha argumenta sus actuales fracasos en política económica y social como herencias del pasado, pues su lógica se inscribe en un nuevo marco que da sentido y explicación a todo lo que ocurrió antes y lo que ocurre actualmente: la acción del gobierno Zapatero era improvisada, mendaz e insensata, o incluso en determinados ámbitos, inexistente. En este nuevo marco de sentido, se entiende la prolongada etapa de degeneración de la vida pública en que nos sumió la izquierda cuando gobernaba, y desde el que se interpreta desde ahora la única realidad existente, desde la que incluso ya se atisban luces al final del túnel, pese a los 6 millones de parados, la descapitalización de los bancos y el cierre del grifo crediticio a la empresas, etc.

 f)      Una táctica göebelsiana del repite que algo queda. Una mentira mil veces repetida acaba convirtiéndose en una verdad definitiva. Así se repte hasta la saciedad que “los interinos han entrado a dedo”, “los sindicatos viven de las subvenciones”, “los profesores trabajan poco”, “las pensiones actuales son insostenibles”, “los que tienen un trabajo fijo son unos privilegiados”, etc. El personaje Bellman de Lewis Carroll afirma que “lo que digo tres veces es verdad”.

 g)     La amplificación por los medios de comunicación. La libertad de expresión, la liberalización de la profesional periodística, sirven para tapar la realidad de unos medios cada vez más concentrados en muy pocas manos, con unos empresarios que actúan en régimen de oligopolio, que discriminan a los profesionales en estrellas y precarios, y que juegan a ser los amplificadores de las mentiras del sistema, pues ellos mismos forman parte del núcleo de la oligarquía político-financiera que detenta en definitiva el verdadero poder, el del dinero.

 h)     La unívoca moral del discurso público. La política actual se reviste de un lenguaje moralista, y en general gira en torno al único registro moral posible (Rancière) frente al amoralismo de Maquiavelo. La derecha, heredera “natural” del patrimonio moral, reparte los calificativos de bueno o malo, normal o aberrante (Zizek), apropiándose de la universalidad de la noción en disputa, desconociendo las razones del otro. Su moral es la medida de todas las cosas “por la gracia de Dios”, Rajoy reparte la etiqueta de “personas normales, sensatas…, españoles de bien” a quienes le siguen en su argumentación, mientras Gallardón arremete contra la “violencia estructural” que padecen las mujeres y que les “obliga” a abortar, y Wert predica la pedagogía “política educativa del esfuerzo” como base de su denostada reforma.

             Teniendo a Dios de su parte, ¿qué leches pintamos los demás? Si ya no hay ideologías, si no existe ni la izquierda ni la derecha, todo le está permitido… al mercado. Ni hablar podemos ante la inapelable certidumbre de los asertos que vienen directamente desde el cielo. Es como lo que Dostoyevski decía (“si Dios no existe, todo está permitido”), pero al revés.

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El pacto Rajoy-Rubalcaba es humo

Publicado: 21 junio 2013 en Uncategorized

Lo ha dicho Román Orozco en Canal Sur hoy mismo, hace apenas una hora. En efecto, el pacto Rajoy-Rubalcaba es pura imagen, de cara a la galería de los mercados: O sea, que lo que pretenden es generar “confianza” de cara a la reunión del Eurogrupo, para impresionar. Pero este tipo de pactos son un instrumento de la política oficial que conviene desmenuzar porque tienen más miga de lo que parecen.

            La primera impresión que da a los sufridos conciudadanos es que ellos cuentan poco, pues tanto su gobierno como el primer partido de la oposición (en número de votos, claro) hacen política de cara a dar confianza a los mercados, no de cara a los ciudadanos. Ellos tendrán que sufrir con “paciencia” todo lo que venga de Bruselas (imprimir velocidad a las reformas emprendidas, y en concreto a la de la Administración Local para recentralizar competencias, a la de las pensiones para reducir su cuantía y propiciar los planes complementarios privados), o del FMI (ahondar en más reforma laboral, abaratando aún más los despidos, y mediatizar más la negociación colectiva para hacerla casi desaparecer), o del Banco de España (suprimir el salario mínimo interprofesional o dar salarios por debajo de él), o del BCE (no dar retroactividad a la recapitulación bancaria de 40.000 millones de euros que hasta ahora ha utilizado la banca española de los 100.000 de línea de crédito que el organismo financiero europeo habilitó para “nuestra” banca, y por tanto hacer que no se descuente de nuestra deuda pública). Luis de Guindos, nuestro flamante ministro de economía, ya ha dicho que España no va a solicitar esa retroactividad. Para chulos, él. Total, van a pagar los contribuyentes vía comisiones bancarias y vía recortes del gobierno… Lo importante es que los mercados no se mosqueen y no nos suban la prima de riesgo.

            Los que sí se han mosqueado son los barones territoriales, los diputados, ciertos cargos orgánicos  y la militancia de base del PSOE, que están o aturdidos o simplemente disgustados por la política de Rubalcaba. Y ese malestar lo provoca tanto el fondo como la forma en que se presenta el pacto. Primero,  cuestionan la necesidad de la reunión con Rajoy (no se tragan la necesidad de calmar a los mercados, ahora precisamente que el tipo de interés de la deuda está más baja). Segundo, cuestionan  que se haya excluido a otros grupos parlamentarios, que no han querido estar de convidados de piedra en ese pacto, sino siquiera poder redactar ni una coma del texto, pues simplemente se les faba la oportunidad de “adherirse”. Tercero porque no se haya “explicado bien” a la ciudadanía. Y respecto al fondo, no entienden en qué v a estar de acuerdo su partido, un partido que se dice obrero y socialdemócrata, con el PP, uno de los partidos más a la derecha de Europa”.

            Rubalcaba ha asentado la necesidad del pacto en que “gana España, ganan los ciudadanos”. Pero no dice qué. Y Jesús Maraña, en su artículo “el impacto del pacto” mucho se teme que quien de verdad gane sea el PP, y poco más. Porque, vamos a ver: ¿es que la unidad de los dos partidos con más votos en las pasadas elecciones generales en España va a impresionar a la Comisión Europea? Temblando están los comisarios europeos al ver a dos perdedores juntos. Porque lo cierto es que Rajoy y Rubalcaba son dos perdedores, y nadie da un duro por su pellejo político. Al menos las encuestas no lo dan.   

            La verdadera razón del pacto es que ambos partidos quieren salvarse del descrédito que sufre el bipartidismo español, según todas las encuestas. Pero Rubalcaba comete un error de cálculo, pues esta política de “responsabilidad” muy al gusto de Felipe González y que Zapatero practicó con tan escaso éxito (ganó las elecciones de 2004 no por ella, sino por la guerra de Irak en que nos había metido Aznar, y por mentirnos el gobierno del PP en el atentado de Atocha), no le va a salvar del hostiazo electoral que ya le presagian las encuestas. Muy al contrario, Rubalcaba se ha montado en el sidecar de la moto que guía Rajoy, como dice Cayo Lara, y Rajoy lo va a estrellar en cualquier cuneta. Ya lo dijo el Evangelio: “Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el hoyo…” (San Mateo, 15.14).

            Porque la gente –que en principio anima a pactar porque no quiere que se peleen “los políticos”- quiere resultados, no solo gestos. Así somos de contradictorios, sálvese el que pueda. Cada vez más, la gente va al grano y se olvida de la paja. Y un pacto vacío de contenidos o condenado al fracaso, acabará pasando factura a sus protagonistas. Este pacto está lleno de grandes enunciados, de buenas intenciones, pero de nada en concreto. Es natural. Porque ¿qué contenidos podía tener el pacto? Rubalcaba dijo querer un pacto contra la austeridad”. Pero Rajoy le ha dicho que se olvide. La austeridad va a seguir siendo el principal objetivo de la UE, y por tanto del gobierno de Rajoy, que ya no está al timón de esta nave llamada España (como me enseñaban los maestros franquistas en la asignatura del “Espíritu Nacional”: qué tiempos aquellos…). Han anunciado que el pacto tendrá contenidos sobre educación, pensiones, paro y vivienda. Pero ¿en concreto? Si hablan de educación, ¿renunciará Wert a su reforma?; si de la reforma de pensiones se trata, ¿echará Rajoy al cesto de los papeles el infumable informe de sus expertos?); y respecto a las posibilidades de un acuerdo para rebajar el paro, ¿cuánto dinero destinará el gobierno para políticas activas de empleo? ¿O irán ambos cogiditos de la mano a pedirle a Bruselas que amplíe esos ridículos 6.000 millones de euros, a repartir entre 27, que la UE prevé destinar para paliar el paro juvenil, que suma seis millones de jóvenes en Europa, de los cuales uno y medio son españoles? Y sobre el tema de la vivienda, ¿estará dispuesto el gobierno a imponer a los bancos la dación en pago, asumirán ambos partidos a nivel estatal que se expropie temporalmente a los bancos, harán caso a la UE que tilda de timorata la ley de Rajoy?.

            La gente no se los cree. En estos términos, ese pacto puede ser la tumba definitiva del bipartidismo. Pues ya se sabe que el humo ciega los ojos, y la gente quiere ver con claridad. Y cada vez más.

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Más allá de la broma del siempre genial El Roto que pone hoy a su personaje afirmando que “el paro juvenil se arregla con la edad”, Joaquín Estefanía sitúa el problema del paro juvenil con el titular “Hamlet en La Moncloa”, pues entiende que el gobierno presidido por Mariano se debate como el príncipe scheakespiriano de Dinamarca entre la alternativa de: o trabajo peor pagado y sin derechos, o ningún trabajo. Y para colmo, la desfachatez ideológica de la derecha oligárquica española, el informe del Banco de España sobre el mercado laboral plantea con todo descaro empleos sin el salario mínimo y contratos fuera de convenio. Su presidente Linde, impuesto digitalmente por la mayoría absoluta del PP, pide además acelerar la entrada en vigor de la jubilación a los 67 años, cuestión que puede atorar aún más el acceso de los jóvenes al mercado laboral, y por tanto cronificar aún más el drama de la infructuosa búsqueda de empleo que azota hoy a los jóvenes de nuestro país. Ante esta ocurrencia de su patrocinado presidente, el Gobierno inicialmente no se pronunció ni en un sentido ni en otro. UGT sí: lo que busca Linde es imponer un modelo de trabajo semiesclavista, sin derechos, y ha afirmado que esta propuesta demuestra la incapacidad del presidente del Banco de España. Finalmente, el Gobierno ha hecho un frente común con los sindicatos para rechazar esa propuesta descabellada.  Uno se pregunta: ¿Por qué demonios tendrá este señor que meterse en camisa de once varas? ¿Acaso se cree ungido como preceptor del Gobierno en materia laboral y económica? ¿No es otro su papel?

            Los organismos internacionales están preocupados por el paro de la UE (26 millones de personas), y en particular por el paro en España (6 millones). La OCDE vaticina que la tasa de paro española escalará al 28% este mismo año 2013. Y señala que la Zona euro “amenaza la recuperación mundial”. A buenas horas, mangas verdes. ¿No han sido estos organismos internacionales los que han aplicado los dogmas neoliberales más estrictos para en teoría acabar con la crisis? ¿No han sido precisamente sus fracasadas recetas las que nos han llevado al desagüe de la permanente recesión económica por la que nos estamos precipitando los europeos al infierno de la pobreza y la desigualdad?

            Ante tamaño fracaso, algo se está moviendo en Europa. Nada del jueves, pero algo es algo. El presidente del Parlamento Europeo Schultz ha llegado a afirmar que “Europa necesita más fantasía” para acabar con la crisis y en particular con la terrible situación del paro juvenil. Así que, puestos manos a la obra, el 28 de mayo en París se ha presentado una iniciativa europea para ayudar a crear empleo para evitar el escándalo y la sangría del paro juvenil. Propiciado por el acuerdo entre Rajoy, Merkel y Hollande, este plan movilizará 60.000 millones contra el paro juvenil. Alemania, Francia y España se alían en un plan contra el paro juvenil. Este paro tiene en nuestro país el agravante de producirse cuando todo apunta a que entre los parados el 26’3% puede tener el riesgo de caer en la exclusión social. Es un plan de emergencia que Europa lanza para combatir el paro juvenil, pero que a todas luces resulta insuficiente: 6.000 millones al año hasta 2020 al menos para ayudar a crear el primer empleo de los que jóvenes que lo buscan desesperadamente sin encontrarlo, en una situación en que de los 26 millones de parados que la UE tiene, 6 millones son jóvenes (casi uno y medio españoles), distribuidos en 27 países. Fondos insuficientes, “placebos contra el paro juvenil”, como afirma el título del artículo de Juan Torres.

            Rajoy ha reclamado en Europa una mayor financiación de las empresas, y propone que el dinero para contratar jóvenes no engorde el déficit, al menos que no cuente para recrudecer aún más los planes de ajuste que se imponen desde la troika y Bruselas.  Se propone la UE extender la experiencia Erasmus de los jóvenes universitarios a los jóvenes, universitarios o no, que buscan empleo. Sabia idea, sin duda, pero al fin y al cabo un parche.

            También van a disponer de 16.000 millones de fondos estructurales sin usar desde hace 18 meses, para incentivar o subvencionar el empleo juvenil, la innovación de los procesos productivos y la educación, afectando con ellos a 55.000 pymes y 780.000 jóvenes. Además, se concederán 10.000 millones al BEI (Banco Europeo de Inversiones) para que garantice 60.000 millones en préstamos para pymes que contraten a jóvenes. Todos estos buenos (pero insuficientes) propósitos ya expresados por los grandes países europeos, deberán contar con la aprobación de Berlín, que se podría producir el 3 de julio, según nos cuenta el diario El País.

            Bruselas, entre los derechos que impone a España por la ayuda a la banca (rescate encubierto o indirecto), impone que se haga una evaluación de la reforma laboral en julio 2013 y se modifique en septiembre en lo que haga falta. No hace falta ser un lince para entender que una reforma que facilitaba el despido, abaratándolo, dando coartadas a los empresario y aligerando su tramitación, para lo que ha tenido por narices que servir es para despedir, no para crear empleo. Así lo han denunciado los sindicatos, y así lo han confirmado los datos. La interpretación de la ministra Báñez y del resto del gobierno del PP de que los efectos benéficos de la reforma laboral se verán a largo plazo, es una “larga cambiada”, y nunca mejor dicho.

            Pero además la Comisión Europea exige a España que se elabore y realice un Plan Nacional de Empleo todo lo más tarde en julio de este año 2013  y se reformen las políticas activas de empleo. También la socialdemocracia europea ha llamado a atacar el paro juvenil, en una reunión de sus líderes europeos con ocasión del 150º aniversario del SPD.

            UGT-A y CCOO-A, los sindicatos mayoritarios en Andalucía, convocan marchas para exigir un plan de empleo de emergencia. Por eso el Gobierno de Andalucía se ha adelantado al Gobierno de España, y ha aprobado su propio plan, consistente en ofrecer a las empresas incentivos para intentar reducir el desempleo juvenil, mediante la novedosa figura del “bono empleo joven”, con una inversión de 15 millones de euros, para cubrir el empleo de 3.125 menores de 35 años, que recibirán 400 euros/mes durante un año para su contratación. Además, se librarán 51,17 millones para un plan de apoyo y fomento del trabajo autónomo, ayudas a autónomos para cubrir hasta 50 euros de sus cuotas a Seguridad Social, y también para fomento del contrato de menores 35 años, la transformación de contratos temporales en indefinidos. Y se dispondrá de 6 millones para apoyo a la economía social, de la que María Jesús Reina, vicepresidenta de Feansal y de Attac-Andalucía ha dicho que “es una alternativa al capitalismo”. Por otra parte el plan de la Junta dispondrá de otros 770.000 euros para financiar becas a jóvenes especialistas en comercio exterior. En total, el gobierno progresista de la Junta piensa gastarse 200 millones de euros para crear 30.000 contratos.

            ¿Y el Gobierno de España qué se propone hacer? De momento ya ha rechazado el contrato único que algunos “expertos” le proponían (Andor, comisario de empleo de la UE), y ha rechazado el pacto que le han propuesto los sindicatos; en cambio ha diseñado una “Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven 2013-2016” (ver texto en internet: Tarifa plana para jóvenes autónomos, posibilidad de que los beneficiarios de prestaciones por desempleo puedan capitalizar hasta el 100% de su prestación para realizar una aportación al capital social de todo tipo de sociedades mercantiles, facilitar una segunda oportunidad para los autónomos, asesoramiento a emprendedores dentro de los SS.PP. de Empleo, incentivo a la contratación de personas con experiencia para su incorporación a nuevos proyectos de emprendimiento joven, Emprendimiento colectivo, Incentivo a la contratación a tiempo parcial con vinculación formativa y al contrato en prácticas, Contrato “Primer Empleo” joven, etc.). La dotación presupuestaria para el desarrollo de la Estrategia asciende a 3.485 millones de euros en los 4 años. Destacan entre todas las medidas de la “Estrategia” las ayudas fiscales para emprendedores, que le costarán al Estado 2.000 millones, cuya financiación Hacienda piensa realizarla mediante subidas en impuestos especiales y en el impuesto de sociedades. Esto supone otra vuelta de tuerca a las empresas, sin distinguir entre grandes empresas y pymes. Error fatal, pues si por un lado se favorecen que las arcas del Estado no estén vacías para habilitar ayudas a la contratación, por otro lado las apreturas fiscales a las pymes y economía social pueden propiciar el cierre de persiana de muchas de estas unidades económicas de escaso tamaño, que soportan más del 80% de la creación y mantenimiento de empleo en nuestro país.

 

            Otra medida que piensa adoptar el gobierno de Rajoy es que las pymes puedan aplazar el pago del IVA al fisco hasta cobrar la factura. Nada que objetar, pues toda ayuda a la buena marcha de las pymes debe ser aplaudida. Faltan muchas más, pero las medidas que vienen en este sentido son bienvenidas.

            Oportunistamente, Wert, el ministro de Educación  Cultura que busca en Europa los 408 millones de fondos para financiar su reforma educativa de la LOMCE, pretende que el organismo comunitario que lucha contra el paro juvenil pague la mitad. No olvidemos que la reforma educativa de Wert cede a las exigencias de la Iglesia, pues la asignatura de Religión contará para la nota media curricular y por tanto para la concesión de becas a los alumnos, se carga la “Educación para la Ciudadanía”, y por otro lado, permite al Gobierno pagar a centros privados en Cataluña para enseñar el español. Lo que, de hacerle caso al polémico ministro, podría hacer disminuir esos ya escasos fondos para el paro juvenil.

            Rajoy y Rubalcaba fraguan su primer gran acuerdo político con vistas a la cumbre europea de junio. El empleo y el crédito centran el acuerdo. Vale. Nadie está en contra en principio en que los partidos con más votos se pongan de acuerdo.  Pero se nos antoja que en este anuncio de acuerdo hay mucho de propaganda sin base ni contenido alguno. Primero, porque es el acuerdo de dos partidos sin mucho crédito entre la población, que caen en picado en las encuestas, y que por tanto se puede pensar que este anuncio de acuerdo es más una maniobra de abrazarse para dar a los ciudadanos la sensación de utilidad, que otra cosa. Y segundo, porque no nos gustaría pensar que el PSOE, -que representa muchos votos que sí son de izquierdas-, va a consensuar las políticas neoliberales del PP. No olvidamos que fue el gobierno del PSOE con Zapatero a la cabeza y Rubalcaba de destacado gregario, el que primero alumbró una reforma laboral que iba en la misma dirección que la nefasta del PP actualmente vigente. Para recibir las mieles de los millones que vengan de Europa para el paro juvenil se ponen de acuerdo. Vale. A lo mejor así nos caerán algunos miles de euros más. Pero también tendrán de arrostrar la corresponsabilidad de la insuficiencia y la inutilidad de las medidas que se adopten, ¿no? Y sobre todo nos corroe una duda: ¿Es este el camino que el PSOE de Rubalcaba quiere emprender para la recuperación de su crédito ante la ciudadanía? Así los jóvenes y los indignados nunca visualizarán las diferencias entre el proyecto de derechas y el proyecto socialdemócrata. Y yo, que no soy socialdemócrata (o eso creo), pero que pienso que hace falta en la pluralidad democrática una socialdemocracia consecuente, me echo a temblar ante la confusión que estos amagos de “patriotismo” crean ante la base de izquierdas.

            Visto desde otro ángulo, el problema del paro juvenil es que éste no es el único problema de los trabajadores actuales y futuros:

1º) Los sueldos han caído por primera vez en el conjunto del sector privado en España, pues la demanda interna se ha contraído en  otro 0’5% del PIB al inicio del año; y para colmo de desdichas, la inflación agrava la pérdida de poder adquisitivo al repuntar al 1’7% en mayo, gracias a que los alimentos y los carburantes elevan la tasa anual IPC en un 0’3%. Toxo, el secretario general de CC.OO., cree que el futuro de la economía no está en la reducción “sin límite” de los costes laborales, e incluso que “en estos momentos ya resulta contraproducente mantener una dinámica de crecimiento de los salarios por debajo de la inflación”, pues es preciso impulsar la demanda interna ante la imposibilidad de que el sector exterior saque por sí sólo a España de la crisis.

2º) Los mayores de 45 ó 50 años ya no encuentran empleo, y el paro de larga duración se cronifica: parados crónicos, parados asistidos y parados desahuciados, por emplear la terminología sociosanitaria.

3º) Se nos están marchando de España los jóvenes más preparados. Alemania ha perdido un millón de habitantes desde su reunificación en los 90, pero está recibiendo las plusvalías de nuestro consumo y de nuestros jóvenes mejor preparados. Este éxodo de talento forma parte del “austericidio” que la troika en general y Alemania en particular están perpetrando en nuestro país. ¿Nos conviene seguir en esta Europa del euro en estas condiciones? Esa pregunta se la hace cada vez más gente. IU va a proponerla seriamente a debate en el seno de la izquierda y del pueblo.

            Hace falta otro modelo económico y social. Y el paro juvenil es una esquina (importante, abultada) del problema, que no se resolverá con las mismas ideas y los mismos protagonistas de este sistema.

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