Así no se salva la supuesta crisis de la Seguridad Social

Publicado: 11 enero 2014 en Uncategorized

La ministra Báñez ha adoptado otra iniciativa. ¡Cuerpo a tierra! Como quiera que está harta de ver que las cifras de la Seguridad Social no le cuadran, ha tirado por el camino de en medio y va a subir las cotizaciones sociales. En efecto: dicen las noticias que el Gobierno recaudará 102.839 millones de euros de cotizaciones en 2014, correspondientes a una masa salarial de 290.000 millones. Lo cual no deja de sorprender por dos razones:

            1º) Porque subir las cotizaciones sociales es la salida fácil para arreglar el problema de déficit que actualmente padece la Tesorería del sistema público de pensiones y otras prestaciones, ya que el camino difícil -pero correcto- sería dar empleo a los seis millones de parados y paradas que tiene este país; pero eso no entra entre los planes del Gobierno, enfrascado como está en una estratégica de política económica que va justo en el sentido contrario: el de destruir empleo fijo y digno y sustituirlo por empleo basura, pobreza y exclusión social.

            2º) Porque la contabilidad nacional dice que la masa salarial global son 500.000 millones de euros; Y uno se pregunta ¿dónde están los otros 210.000 millones que no controla la Seguridad Social de la ministra Báñez? Son economía sumergida, informal, o como se quiera llamar. Y frente a este fenómeno de irregularidades defraudatorias, la ministra va a elevar un poco las cotizaciones sociales, pero de una forma un tanto peculiar. Veamos. Publicado el decreto el 21 de diciembre de 2013, y con vigor desde el 22 de diciembre, ha dispuesto que suban las cotizaciones de:

            – autónomos con más de 10 empleados.

            – aumenta un 5% la cotización máxima (hasta ahora sólo se cotizaba hasta un máximo de 3.957 euros al mes). Esta medida ya ha venido adoptándose últimamente, pero resulta insuficiente, pues en principio los trabajadores deberían cotizar en función de todo su salario. Lo que no está reñido con que exista un tope máximo en las prestaciones, que eso sí me parece más razonable.

            – también aumentan o se crean las cotizaciones de algunas percepciones en especie, tales como: los pluses de transporte y distancia si exceden 20% del IPREM (ahora íntegro), las mejoras de las prestaciones de la Seguridad Social (salvo las de Incapacidad Temporal) y aportaciones a planes de pensiones (ahora íntegro, antes exento), el exceso de 9 de euros al día de pluses de comida (ahora íntegro, tanto si son servicios prestados directamente como si son a través de los cheques de restaurante), el exceso de 500 euros al año por cada persona incluida en seguros de salud por enfermedad común (ahora íntegro), y primas de seguros por responsabilidad civil del trabajador (antes exento), la entrega gratuita o a precio inferior al del mercado de acciones o participaciones de la empresa (antes exento, ahora íntegro), servicio de guarderías para hijos de empleados y/o prestación del servicio de educación preescolar, primaria, secundaria, obligatoria, bachillerato o FP, con carácter gratuito o por precio inferior al normal del mercado (antes exento, ahora íntegro); las donaciones promocionales, en dinero o en especie, para que el empleado las pudieran revender, pasarán a cotizar íntegramente (antes solo lo hacían desde los 1.065 euros al mes).

            Siguen exentos: las mejoras de prestaciones cundo el trabajador esté de baja laboral, los pluses de locomoción cuando se justifica el uso de transporte público o las dietas de manutención en viajes (siempre que no excedan de 26’67 e/día en España y 91’35 en el extranjero).

            Dispone además el Ministerio de Empleo que las empresas regularicen estas cotizaciones hasta el 31 de marzo, con la obligación de declarar todos los conceptos retributivos, para evitar la “ingeniería retributiva”, según la cual bastantes trabajadores cobran más en especie o con estos conceptos colaterales, que con la norma propiamente dicha. ¿Repercusión? Un incremento del 30% para el empresario, y un 6% para el trabajador.

            Los sindicatos y la patronal ya han protestado por estas medidas. Asevco (Asociación de Emisores de Vales de Comida) ha advertido del peligro para su empleo, y dice que provocará lo contrario a lo que el ministerio pretende. Y puede tener razón, pues si se produce el fraude y la ingeniería retributiva antedicha no es porque sí, alguna razón habrá. No es que lo justifique, ni mucho menos. Lo que quiero decir es que para erradicar el problema hay que ir más a fondo, a atajar las causas, y no andarse por las ramas, haciendo lo más fácil del mundo: subir la recaudación de los pocos que trabajen para tener más dinero para el gasto social. Así se honda el problema, pues sobre todo la pequeña y mediana empresa, y los autónomos, que son los que de verdad crean el empleo de este país, tendrán más dificultades económicas; y en consecuencia se sentirán tentados a despedir o restringir esos complementos salariales.

            Las verdaderas soluciones pasan por un cambio a fondo del modelo productivo. Pero no es necesario hacerlo todo de la noche a la mañana. Bastará simplemente con adoptar algunas líneas de trabajo:

1. Como afirman V.Castelló y M.Sanchís en su artículo “El paro juvenil, un problema político” (El País, 10/1/2014) hace falta invertir en políticas activas, en vez de dejar al parado esperando el subsidio. Hasta ahora el Estado se ha dedicado a ir reduciendo las prestaciones por desempleo para poder financiar el creciente montante que significa un incremento de los cuatro millones de parados más que nos ha aportado la crisis. Pero el parado sigue sin contribuir al crecimiento de la riqueza, que ese es el problema. En Alemania, por ejemplo, las cosas se hacen de otro modo: las empresas financian la formación dual del trabajador, creando así una forma de ir reciclando la mano de obra para adaptarla a las nuevas condiciones de la competitividad de los mercados. (No es que en Alemania se hagan todas las cosas bien, pues también se está reduciendo la cuantía del salario, etc. Pero al menos, en este aspecto, sí hay que imitarlos).

2. Hay que separar definitivamente las fuentes de financiación de la Seguridad Social, como repetidas veces se ha acordado en  función de la recomendación del Pacto de Toledo.

3. Hay que dotar a nuestro sistema económico de una fiscalidad más justa, pues mientras Amancio Ortega gana 6.000 millones de euros en 2013, hay cada vez más pobres y más cabreo entre la gente (aunque no estalle en revueltas ni grandes movilizaciones, el cabreo va por dentro del cuerpo social). Y la fiscalidad legalmente establecida sigue posibilitando a los ricos tributar un 1% con las sicav, o evadir sus cuentas en Suiza, etc., mientras los pringaos de siempre (los trabajadores son nómina) son los que mantienen el sistema público de pensiones y los demás gastos públicos. Si la fiscalidad fuese más justa recaudaría más, y se podrían financiar algunas prestaciones que hoy corre a cargo de la Seguridad Social, tales como la viudedad y la orfandad.

4.Los bancos han salido de sus aprietos económicos, pero siguen sin dedicarse a dar facilidades crediticias adecuadas a las microempresas que pululan en nuestro tejido productivo.

5.Hay que dotar a la Seguridad Social y a la Inspección de Trabajo de este país de más efectivos para perseguir el fraude de los grandes. Frente a esto, al parecer la ministra Báñez y su Secretario de Estado de la Seguridad Social, Tomás Burgos, ya han decidido externalizar un estudio para saber qué se debe hacer para corregir ese fraude. Claro: reducen la tasa de reposición de empleados públicos al 10% por falta de dinero, y luego les faltan técnicos (los viejos tienen la manía de jubilarse o de morirse) para realizar esos trabajos sin necesidad de acudir a las “consultoras” o “compañías auditoras”. Se trata de ir privatizando por parcelas el sistema público de la Seguridad Social.

 

            Esta privatización parcial del trabajo de persecución del fraude en la Seguridad Social no está siendo denunciada ni por los partidos políticos ni por los sindicatos, ni en la opinión pública. ¿Será que no nos estamos enterando de lo que hacen nuestros gestores? Pues que no nos distraigan con Bárcenas, los exetarras o los anhelos identitarios de don Artur Mas, que eso distrae mucho en los programas informativos y en las tertulias, pero no son los problemas más gordos que padece nuestra gente, los trabajadores, la gente de abajo. El sistema público de la Seguridad Social es nuestro, y no vamos a servírselo en bandeja de JP Morgan, al bufete de Garrigues, o a cualquier listillo que venga a decirnos lo que tenemos que hacer.

 

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