Jueza Alaya, yo confieso

Publicado: 8 marzo 2014 en Uncategorized

Sí, señoría, antes de que mis parientes, amigos y vecinos se enteren  de que he sido señalado por su dedo justiciero en el tema de los ERE, a través del vídeo de un aciago telediario, o porque La Razón exhiba esa foto en la que aparezco con la cara enfurruñada en una mueca de rojo enfurecido, -con la consiguiente zozobra que ello les acarrearía-; antes de que a mi hermana, que vive en Valladolid tan tranquila pese a sus achaques, y que tiene en un pedestal a su único hermano del alma, le dé un chungo por semejante noticia, con el debido respeto (que lo merece en cuanto miembro de la Justicia, y ya está), me adelanto a los acontecimientos, y a los efectos oportunos YO CONFIESO:

            Que he sido portavoz de IU LV-CA de la Comisión de Economía, Hacienda y Presupuestos, así como de la Comisión de Empleo desde 2004 a 2008, y que en la anterior legislatura, desde marzo de 2008 a marzo de 2012, he seguido en las mismas comisiones, aunque con nombres distintos, pues la consejería de Hacienda se fusionó con Administración Pública (antes en Presidencia) y siguió con el presupuesto como competencia, y por tanto la comisión parlamentaria que la “controlaba” tenía el nombre de Comisión de Hacienda y Administración Pública; y a su vez, seguí siendo portavoz de IU en la Comisión de Innovación, Ciencia y Empresa (o Economía a secas), a la vez que la de Empleo la asumía otro compañero. Pero ni aun así me salvo de la responsabilidad política que ahora me acecha con materializarse por su sabio designio investigador, pues pese a no ser portavoz, era suplente en la Comisión de Empleo, y asumía la portavocía cuando la ocasión lo requería (y sin haberlo preparado, me han salido dos pareados). Vamos, que no me escapo: que yo soy uno de esos 51 parlamentarios que durante 8 años (en mi caso) no se han enterado o no han querido enterarse de que los sucesivos gobiernos del PSOE de Andalucía habían urdido dos tramas corruptas convergentes, una la de los ERE y otra la de las ayudas sociolaborales a empresas; que o han fingido no enterarse o han sido los tontos del haba que desconocían que esos dineros no eran para defender a los trabajadores en riesgo de quedarse sin empleo y en la marginación  social –como ingenua o maliciosamente yo creía: su superior criterio discernirá-, o para echar una mano a las pymes que lo requiriesen, sino para crear un procedimiento ilegal que burlase la acción de la Intervención, del Parlamento, de la Cámara de Cuentas y de la Justicia, a fin de perpetuarse en el poder, ¡e impedir que el PP llegase a él, ellos que son de comunión diaria, y que al fin y al cabo son los legítimos titulares de todo poder en esta España nuestra,  tan única, católica y universal, puesto que como dijo en 1983 don Mariano Rajoy son de otra “estirpe”! ¿O me equivoco, señora jueza? Añádalo a la lista de mis maliciosas insidias, por favor.

            Que hace usía bien en solicitar al Parlamento los diarios de sesiones de esas comisiones, donde aparecerán mis comprometedoras declaraciones, sin duda. En ellas y en las de mis 50 compañeros/as parlamentarios de todos los grupos, colores e ideologías, encontrará razonables indicios de culpabilidad -por acción, omisión, preterición, olvido o simple despiste, negligente en todo caso-, de los hechos delictivos que a mí no se me alcanzan ahora mismo, pero que seguro que su docta interpretación de la ley sabrá justamente poner de relieve en la instrucción del sumario.

            Y entiendo su solicitud de ayuda al Parlamento en ese menester, pues pese a que todos los diarios de sesiones del mismo aparecen en su página web y son de universal acceso al público simplemente entrando en Internet, no se va a entretener usía en esas tareas, que bastante lata le están dando ya los cientos de corruptos empresarios, sindicalistas y presidentes, diputados o munícipes socialistas a los que ya ha pillado en su infatigable quehacer instructor, como para encima tener que leerse una a una esas tediosas sesiones. Que el Parlamento le sirva en bandeja los datos, pues fue el Parlamento también presuntamente culpable de aprobar año tras año desde 2001 (¡cuánto lamento que desde 2001 a 2004 yo no estuviera en el inicio de tamaña conspiración!) los Presupuestos donde se incluía la envenenada partida 3.1.L sobre la que caen todas sus más que justificadas sospechas de ser la noria por donde fluía el agua del molino que fabricaba la harina con la que esos corruptos socialistas usurpadores del poder amasaban su imperio andaluz.

            Confieso que cuando yo presumía de defender los ERE como una herramienta válida y urgía al consejero de Empleo de agilizar los trámites e incluso poner más dinero (ampliación presupuestaria de la 3.1.L que usía detecta como perversa maniobra para llenar más aún los bolsillos de la corrupción) destinados a cubrir casos como los despidos de Delphi, de Santana, o ayudas a Puleva, u otras empresas, en realidad estaba engordando una pérfida maquinaria ilegal. Y ni siquiera conocía (o fingía no conocer: soy político y engaño cuanto puedo, ¿no? Oye, ahora, ya jubilado, dudo de mí mismo, pues siempre he creído que el pueblo nunca se equivoca, y como “el pueblo” está convencido de que los políticos son todos unos chorizos, pues igual yo lo he sido) que ese dinero no lo daba directamente Empleo, sino que pasaba por IDEA (IFA antes), siendo al menos presunto cómplice de esa maquinaria corrupta. Puestos a buscar responsables, ¿por qué no yo mismo y mis 50 coparlamentarios investigables?

            Confieso que, a petición del comité de empresa de Mercasevilla, solicité una entrevista con el consejero de Empleo Manuel Recio para reclamarle el pago a los 38 trabajadores afectados por el ERE de 2007, continuación del de 2003; y con ellos fui a realizarla, pero ni se me ocurrió (o no quise saber: discierna, discierna, señora jueza, se lo suplico) solicitarles a los trabajadores el listado del ERE donde luego aparecieron uno o dos intrusos, el primero del que la prensa se hizo eco. Aunque a decir verdad, si hubiera recabado ese listado, tampoco me hubiera enterado de si eran o no intrusos, pues uno no puede saber el nombre, uno a uno, de los trabajadores de una empresa. ¿O sí debe saberlos para ser un “político responsable”? Ruego a usía me saque de esta duda o error, pues si como dice el señor Pérez Alférez, o conocía o debía yo conocer todo lo que afecta al cumplimiento íntegro de la ilegalidad del procedimiento, entonces mi culpa es clara y nítida; confieso que no averigüé más, y no me valen excusas: que si el grupo de IU solo tenía 6 diputados para todo el ingente trabajo de colegislar y controlar todas las parcelas de la cosa pública, que si el gobierno de a Junta no se ha caracterizado precisamente en esos años por su transparencia o transferencia de datos a los parlamentarios de la oposición, que si el trabajo de un diputado no es sólo estar en el Parlamento, sino en su provincia yendo a todos los pueblos, barrios, empresas o colectivos para recabar de ellos el aire fresco de la realidad social (eso que los superdemócratas del 15-M creen haber inventado ellos)…

            Excusas de políticos, que –ya se sabe- todos son unos vagos, oportunistas y corruptos, como bien demuestran determinada prensa, la campaña de la ultraderecha, los políticos chorizos -que haberlos haylos aunque no sean tantos como Manos Limpias quisiera-, y la lentitud y prejuiciación de los procedimientos judiciales: elementos que, todos juntos, convierten la presunción de inocencia en presunción de culpabilidad. Cuestión que no va con usía, merecedora de todo elogio, pues para acelerar cuanto esté en su mano el procedimiento ha aceptado de buen grado toda la ayuda que le ha ofrecido el Consejo General del Poder Judicial; que se ha apresurado a tomar declaración sin retraso alguno a los ciento y pico de imputados que ya tiene en cartera (le quedan casi la mitad sin llamarles a declarar, incluso los que imputó hace más de dos o  tres años, pero no es por su culpa, ¡qué va!); que ha investigado justo lo que tiene que investigar, no más (aunque la Fiscalía Anticorrupción crea que eso de requerir al Parlamento sea una pasada por su parte: total, por echarle unos cuantos meses de retraso al tema, y aunque coincidan los principales momentos procedimentales con los momentos electorales, usía tenga tranquila la conciencia, que para eso es jueza y la imparcialidad política se le supone, como el valor en la mili); y que sólo lleva cinco años con esta instrucción, pues, al fin y al cabo algunos llevan más tiempo (la Gürtel para el PSOE, los ERE para el PP: empate, ¿no, señoría?).

            Y confieso que cuando el consejero Recio nos negó al comité de empresa y a mí toda responsabilidad de la consejería de Empleo en el ERE de Mercasevilla de 2007 y su titularidad de la deuda contraída con los trabajadores, porque no asumían la firma del anterior director general Javier Guerrero pidiéndole al Banco Vitalicio que pagara una de las nóminas, le recordé el tracto sucesivo de las decisiones de unos a otros responsables de una misma consejería. ¿Le incité con ello a la prevaricación? Tal vez, pese a mi ignorancia –culposa en el mejor de los casos- de todo lo que se cocía por debajo en esos momentos. Sí me mosqueó esa falta de corresponsabilidad con el anterior director general de Empleo. Mosqueo que se disipó, cuando en la comparecencia que solicité para que explicara cuánto de verdad tenían las noticias sobre los intrusos de los ERE, el mismo consejero me explicó que había abierto una investigación interna de la gestión anterior de los ERE, y que la Junta se iba a personar como denunciante. Digo que se disipó el mosqueo, porque se convirtió en la certidumbre de que había un chanchullo monumental, que es el que usía está investigando.

            Pero confieso que yo no seguí más que a duras penas la investigación, pues la Comisión de Investigación que mi grupo solicitó no fue aprobada por la mayoría absoluta del PSOE. Y solo cuando IU ha entrado en el gobierno andaluz se ha podido realizar. ¿Podría haber hecho más? Firmé y realicé distintas iniciativas parlamentarias, pero confieso que no pagué –ni yo ni mi grupo- a un investigador privado ni a un abogado para que denunciase ante el juzgado los hechos. Seguro que no vale como justificación que la responsabilidad política no es lo mismo que la penal, y que IU no es un partido con el respaldo financiero de los bancos, constructores y mafiosos de este país, que pueden ser otros partidos políticos. Vamos, que somos pobres como las ratas, y que harto hacemos con pagar las nóminas de los escasos recursos humanos de que disponemos. Pero tampoco valdrá decir que siempre hemos apoyado la acción de la Justicia, máxime la suya, cuya imparcialidad y equilibrada práctica judicial nos consta por sus hechos: a la luz de cualquiera está. No digo más, para que usía no se ruborice.      

            Asimismo confieso que cuando Guerrero y su chófer se montaban en su cochazo pagado por el erario público para irse de fiestuqui, con coca, cubata de beefeater y putas incluido a costa de la Visa oro de director general, no me escondí en el maletero de su buga para enterarme en directo de todo, todito, lo que hacían: no solo de sus torpes intentos de acometer una lambada, o de sus citas con los alcaldes o concejales de la Sierra Norte de Sevilla, sus conversaciones con los vecinos que le solicitaban meterles fraudulentamente en un ERE, o para estar presente en el preciso momento en que Guerrero urdía chanchullos con Veira, Antonio Fernández, Vallejo y los demás jerifaltes socialistas, o cuando simplemente sacaba la chequera y le pagaba al constructor de la sede del PSOE los servicios prestados. ¿Negligencia o complicidad por mi parte? Insisto: ya ni sé.

            Y confieso que mi radical oposición a las políticas de Griñán, Chaves, Viera, Fernández, Vallejo, Aguayo, Ávila y demás, no llegó a presuponer la comisión de delitos por su parte; sí les exigí documentación y explicaciones, que en ocasiones no me daban, o que en su literatura me toreaban cual mihura en la Maestranza. Porque eso de la transparencia es un hito democrático que aun no hemos alcanzado. E incluso reclamé responsabilidades políticas, sólo eso, y no penales también; pues –torpe de mí, cómplice al fin- jamás pensé que el procedimiento de que el dinero de las ayudas sociolaborales del 3.1.L lo gestionara IDEA y no Empleo podía ser ilegal. Cosa que a su sagacidad jurídica no escapó, por más que el asunto sea discutible, polémico, y al final alguna decisión jurisdiccionalmente superior pueda contradecir, dejando sus imputaciones en agua de borrajas. Riesgos que corre todo instructor: ahí tiene a Garzón, Elpidio y Castro (su desautorización aún no se ha consumado, pero el tiempo y la Casa Real obran milagros), aunque estén feas las comparaciones.

            No sé qué más cosas confesar. Pero seguro que a usía se le ocurren más. Así que me pongo a su disposición. No sin antes advertirle que en el presente escrito utilizo un estilo literario que a usía pudiera extrañarle, dado que entre los atributos requeridos para ejercer dignamente la carrera judicial no se especifica el sentido del humor. También para responder de este ejercicio de libertad de expresión desenfadado me pongo a su disposición. Por más que dude que yo sea relevante en el macroproceso que usía prepara, pues sólo soy un mindundi, y usía va de pillar a presidentes, vicepresidentes y otros peces gordos. Como tiene que ser.

            Atentamente, un político jubilado pero seguro que culpable.

PVP140308

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