Archivos para abril, 2014

El hombre endeudado

Publicado: 24 abril 2014 en Uncategorized

¿Por qué la gente no se rebela masivamente frente a la gestión de la crisis que nos imponen los gobiernos neoliberales? Con tanto paro, precariedad, incremento de las desigualdades, sería lógico esperar un ambiente cuando menos prerrevolucionario, ¿no? Los militantes de izquierdas nos preguntamos esto, no sin contrariedad y asombro. En el libro “El síntoma griego” Yannis Stavrakakis, apoyándose en la elaboración teórica de Maurizio Lazzarato, nos da una respuesta psicoanalítica muy interesante según la cual es la instrumentalizacion de la deuda la que genera esta inhibición colectiva, esa especie de resignación fatalista que vivimos en la vieja Europa los países periféricos, víctimas de la estrategia neoliberal del ajuste y el recorte de salarios y derechos sociales, simultánea a la salvación de la banca y el incremento de los beneficios de unos pocos, paralela al proceso de acumulación capitalista que avanza ante nuestros atónitos e indignados ojos.

             El citado autor griego acude a unos conceptos como la performatividad y retroactividad biopolíticas para explicarlo: la deuda genera un deber de pagar, y un sentimiento de culpa y vergüenza cuando llega la imposibilidad de hacerlo, concomitante con la asunción del merecimiento del correspondiente castigo; elementos todos que conforman un prius internalizado en la conciencia individual compartida colectivamente, a través de la moralidad judeocristiana (eso no lo dicen los autores antedichos, lo añado yo). La deuda es el punto nodal de las prácticas de disciplina, castigo y responsabilización que son la “lógica” respuesta a la consigna repetida mil veces por parte del stablishment de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

            La gente asume que su consumismo de antaño era una conducta punible hogaño. No cae en la cuenta de que el consumismo ha sido una estrategia urdida por el neoliberalismo de sustituir el bienestar del capitalismo fondista por el endeudamiento crediticio del capitalismo posdemocrático; ni cae en la cuenta de que frente a la acumulación de deuda impagable puede resolverse no con el castigo (el recorte de derechos y bienestar, de lo público, y el ajuste fiscal), sino que también la condonación de la deuda puede ser una salida. E incluso cabría salir del endeudamiento superando un sistema económico como el capitalismo, que ya ha dado de si todo lo que históricamente tenia que dar. O al menos, que se impidiese que la acumulación capitalista se realizase en manos privadas, mientras que es el Estado el que se debilita, y por tanto no puede realizar su papel primigenio de mecanismo distribuidor de la riqueza generada socialmente.

             La denuncia de que la disidencia realiza populismo irresponsable, y el gobierno por decreto o mutación institucional de esta fase posdemocrática, son los dos ámbitos (ideológico e institucional, respectivamente) de la estrategia neoliberal. Pero ¿es  un giro posdemocrático o un giro antidemocrático, autoritario, lo que conlleva esta estrategia neoliberal? Shakespeare decía que debe extraerse una libra del cuerpo, amputarse un miembro, para que la estructura de poder sea aceptada. El pueblo soberano, jodido pero resignado, puede buscar un salvador o caudillo que sustituya su inacción, redimiendo a su vez la culpa que arrastra. La vergüenza que sufre el pueblo español de no poder pagar la deuda puede arrastrarnos a asumir los “sacrificios” impuestos tanto en propia carne (empobrecimiento, pérdida del empleo, del cien por cien del salario, de los derechos sociales y civiles, de las pensiones, de la sanidad universal y gratuita, etc.), como en la carne social, en el modelo de sociedad, pasando de una democracia avanzada a una democracia recortada o a un régimen más o menos autoritario.

             La deuda opera en la intersección del poder, la moralidad y la economía, dice Stavrakakis, la producción económica y la producción de subjetividad, trabajo y ética, son indisolubles, dice Lazzarato. El capitalismo del siglo XXI ha superado el homo económicus y ensaya el hombre endeudado. La incompatibilidad de este capitalismo a la defensiva con la democracia y las libertades es cada día más evidente. Y la conciencia colectiva está preparada para asumir el proyecto del cambio social que desarrolla el neoliberalismo.

             ¿Es posible que el pueblo descubra este juego trucado y se rebele contra sus cadenas? El 22M demuestra que si. Pero la fuerza social demostrada debe avanzar mediante la lucha electoral, convirtiéndose en fuerza institucional, que retroalimente esa fuerza social para consolidar un sistema democrático que necesita ser no sólo representativa, sino participativa también.

 

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