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¿Podemos? Sí con IU

Publicado: 25 junio 2014 en Uncategorized

Para la posteridad de la conciencia española, las elecciones europeas del 2014 serán esa raya que marca la historia de vez en cuando para separar un período de otro. En ellas se ha producido un punto de inflexión que abarca varios de los parámetros en que se enmarca nuestra convivencia política:

             De un lado, el bipartidismo ha mostrado su ineficiencia cenital en cuanto modelo recurrente en la defensa del sistema. Se acabó el carbón. Tanto PP como PSOE han perdido millones de votos, y no ha sido el populismo de derechas ni el abstencionismo los que se han beneficiado de esta huida del electorado habitual, pues

  • han fallado las encuestas al pronosticar un incremento de la abstención, pues se ha producido la misma participación que en las anteriores europeas del 2009.
  • VOX, Ciudadanos, Elpidio, etc. han fracasado en su intento de llevarse el rédito político que se preveía en función del descontento popular provocado por las políticas de recortes y ajuste de esta estafa llamada “crisis”.
  • el supuesto líder de la oposición, el PSOE, ha sido tratado por el electorado con el varapalo con que se ha castigado al partido gobernante, el PP. Y cuantitativamente, más aún que al PP. El PSOE no ha logrado ocultar su responsabilidad en el deterioro de las condiciones de vida de la población, en el empobrecimiento, en el incremento de las desigualdades, en el darwinismo social del paro masivo y la ruptura de la Europa Social. Rubalcaba ha infravalorado el hastío sentido por la gente, se ha equivocado al creer que con una política de reproches mesurados hacia el gobierno podría conformar a dos tipos de electores: los que estaban radicalmente hartos y los que, pese a todo, temían perder la seguridad que proporciona un referente socialista como elemento corrector dentro del sistema bipartidista. Los indignados, entre el original y la copia, no han preferido ni al uno ni a la otra.
  • los votos que han perdido los agentes del bipartidismo se han ido hacia la izquierda. Primero, porque IU (la más asentada referencia de la radicalidad y de la izquierda) ha duplicado (y más) sus votos, recogiendo en parte el corrimiento del electorado socialdemócrata hacia la izquierda, y el fruto de la movilización social protagonizada por los sindicatos, las mareas, el 15-M, etc.; segundo, porque el voto oculto del abstencionismo creciente hasta ahora se ha convertido en el nacimiento de una nueva formación política llamada “Podemos”; tercero, porque incluso UPyD y Ciudadanos han tenido que escorar su discurso hacia un liberalismo crítico, al menos en cuanto a la denuncia de las injusticias y desigualdades que la política económica y social se refiere, sin por ello renunciar a sus postulados de aceptación acrítica del sistema capitalista o de la unidad centralista del Estado o a su ambigüedad respecto a la prioridad que determinados derechos civiles tienen para determinados colectivos (feminismo, inmigración, homosexualidad…); cuarto, porque en el ámbito vasco y catalán han sido Bildu y ERC las fuerzas que más han crecido, por encima de los partidos de sus respectivas burguesías.
  •             Por otro lado, estas elecciones desmienten varios mitos promovidos por los voceros del sistema (medios de comunicación, tertulianos, partidos u organizaciones sociales del entramado sociopolítico clásico):
  • que la gente joven pasa de política o no entiende de economía: la motivación principal de este cambio del comportamiento electoral es un rechazo a las consecuencias de las políticas económicas impuestas por la troika; pero la divergencia dirigentes/pueblo en materia económica no es la única concausa del alumbramiento de esta nueva fase política.
  • que el bipartidismo crea un polo representativo de la mayoría social: la suma de los votos del PSOE y el PP no han llegado al 50% de los emitidos, el bipartidismo se ha quedado en minoría.
  • que la movilización como expresión colectiva, pacífica y democrática del malestar por las políticas de la oligarquía político-económica, no es capaz de cambiar las cosas: la movilización sí ha podido vencer al bipartidismo, y crea la conciencia popular de la posibilidad para el futuro más inmediato.
  • que el descontento social se produce sólo por motivos económicos, y no por la falta de densidad democrática del sistema: la reacción electoral se ha producido tanto como rechazo a los recortes, como a la corrupción, falta de transparencia y alejamiento del sistema endogámico de “los políticos”.   

Detengámonos en este elemento, que considero primordial a la hora de entender varios factores que han provocado el éxito de las fuerzas políticas emergentes.

Primero, el fenómeno del relevo generacional y del rechazo a los “partidos clásicos” o sistema partidista:  es cierto que los partidos que más han sorprendido por su fulgurante ascenso electoral (no sólo en las europeas, sino en las últimas generales) son aquellos que han puesto en cabeza de cartel a personas desconocidas en el panorama de la vida pública, especialmente jóvenes no contaminados por su anterior trayectoria (fuera ésta meritoria o no); es obvio que Podemos no hubiera crecido tanto si hubiera sido liderado por Jimenez Villarejo o Baltasar Garzón (el juez), por ejemplo; y mira que ambos dos pueden exhibir méritos democráticos suficientes para concitar la adhesión electoral de los indignados; pero sin embargo, esa parte del electorado que de salida era tendencialmente abstencionista, se ha movido hacia las urnas convocada por la juventud o novedosidad de unos líderes sociales que no podían exhibir más méritos que un lenguaje “fresco”, no político o directamente antipolítico, un rostro joven o simplemente nuevo (véase el caso de ERC). El hartazgo provocado por las corrupciones de los partidos y el conciliábulo de los gobiernos con los bancos y las grandes empresas, han provocado un irrefrenable deseo social de “matar al padre” (el ascenso independentista tiene mucho de eso), entendiendo por tal a “los partidos clásicos”, esto es, aquellos que hasta la fecha habían contribuido a conformar el panorama político, tanto si eran los partidos sistémicos (constitucionalistas como PP y PSOE, o anticonstitucionalistas, como CiU y PNV), como los que han sido más consecuentemente antisistémicos, como es el caso de IU, que siendo radicalmente anticapitalista durante los casi 30 años de su existencia, sin embargo ha sido vista por ese espectro nuevo del electorado como “una pieza más” del sistema partidista conocido hasta la fecha; a ello ha contribuido sin duda que el candidato era alguien de esa generación amortizada, la mía, la del mayo del 68. Injusto, pero cierto. Que se reconozca y asuma esta realidad es crucial para el futuro electoral de la izquierda real de este país.

Segundo aspecto del mismo fenómeno: esa punta de lanza del nuevo voto de izquierdas, los indignados, no conforman un sujeto revolucionario clásico, un proletariado renovado, sino un agregado social plurideológico, cuyo aglutinante es múltiple: el principal sigue siendo la inscripción en los estratos socioeconómicos más desfavorecidos de la sociedad, es decir, la inclusión en la clase -consciente o inconsciente, en un grado u otro de conciencia de clase, como diría Lukács-; pero la segunda concausa se inserta en la superestructura de la actual formación social, pues hace alusión a la diferencia de ascendiente en la toma de decisiones en el ámbito político entre la clase dirigente y la mayoría social. Los antiguos anarquistas habían puesto el acento de la revolución pendiente en las diferencias de posición respecto del poder, ligando éstas a la posición de clase: la clase obrera no sólo era la clase expropiada mediante la explotación o apropiación de la plusvalía, sino la capa social subyugada políticamente por el autoritarismo burgués. Y en la tradición marxista, la revolución permanente de los trostkistas alude a la necesidad de construir un Estado sin clases y que supere la constante alienación política o dialéctica dominantes/dominados. La búsqueda del “hombre nuevo” del Ché o de los cristianos por el socialismo (encuentros entre marxistas y cristianos de los años 70), tienen mucho que ver con esta cuestión. El nuevo Estado proletario soñado por Marx, Engels, el Ché, etc, es un Estado bien distinto a los tinglados montados por el socialismo real o el denxiaopinguismo. Con Gramsci, el poder proletario se asienta sobre un sistema democrático cuya hegemonía la ostente la clase obrera sobre la burguesía y sus aliados oligárquicos. Hijos de Gramsci y del Mayo del 68, en el nuevo lenguaje del sujeto transformador cuya construcción tanto IU como ahora Podemos persiguen, se insiste mucho en la participación. Es el antídoto frente al autoritarismo de izquierdas de las experiencias realizadas en nombre de la justicia social o la lucha de clases.

Pero hay un matiz. IU ha superado el anguitismo, como fase infantil de la izquierda española (con perdón, pues seguro que el primer no anguitista es Julio Anguita). Quiero decir que IU ya no asienta su estabilidad en el carisma de su líder, sino en el debate de sus bases (adscritos o simpatizantes) y más allá, en su organización y en la alianza con la sociedad. Ni dioses ni reyes ni tribunos. Aunque personas que presten temporalmente su cara dar visualizar al colectivo, siempre serán necesarias. Podemos está aún en la fase de discernir entre el personalismo carismático de Pablo Iglesias y el empoderamiento de las bases por abajo (círculos, las llaman). Todavía nos escandaliza el recuerdo de ese anagrama de los interventores y apoderados de Podemos en las elecciones europeas del 25M en el que se destacaba como emblema de la formación la silueta (coleta incluida) de su líder televisivo.  ¿Existe un reflejo más claro del personalismo de una opción política? ¿Es compatible ese personalismo extremo con el discurso del radicalismo de la democracia directa?

           

            La conversión de Podemos en partido político necesariamente va a requerir la búsqueda de una fórmula organizativa que conjugue la viveza del debate participativo de las bases en sus círculos (asambleas territoriales o áreas los llamamos en IU, pero es lo mismo), con la conformación de ámbitos más restringidos de decisión, los clásicos órganos de dirección, se llamen como se llamen, sean más o menos teledirigidos por la sombra omnipresentes del líder y sus más allegados. Esta eterna dialéctica (la vida es contradictoria, se mire por donde se mire) entre democracia directa y democracia representativa se reproduce en todas las colectividades humanas. Algunos hemos aprendido que “centralismo” y “democrático” es algo difícilmente conjugable, o al menos su explicación resulta ser pedagógicamente muy compleja. Pese a ser uno de los elementos que han concitado uno de los mayores atractivos electorales de Podemos, lo novedoso de Podemos no es su forma de asumir esa permanente dialéctica contradictoria. Aparentemente, sí. Pero si bien se mira el éxito de Podemos se debe más a la publicitación de su líder como portavoz de los indignados del 15M por determinados medios de comunicación (la Sexta y la Cuatro) que a la insistencia en su carácter asambleario. Algunos llevamos años peleándonos internamente en defensa de una ampliación de la democracia directa (unos a favor, otros en contra, claro). Los de Podemos ya han empezado… a pelearse entre ellos. Y apenas si han iniciado su rodaje como partido. Pasó en la formación de Beppe Grillo en Italia, y ahora le ha tocado a Podemos. Inevitable en cualquier grupo humano, y más en grupos a los que les une las ideas o los intereses, bien sean políticos, empresariales o simplemente deportivos o de ocio.

 

            Y hay otro elemento aparentemente más de fondo que puede atraer a un electorado heterogéneamente disconforme con el sistema: su distanciamiento del binomio izquierda/derecha a la hora de esquematizar su identificación ideológica. IU no renuncia a su análisis de clase y a su inscripción en la izquierda. Podemos prefiere hablar del binomio ricos/pobres, o del binomio los-de-arriba/los-de-abajo. ¿Novedad de fondo? Nada de nada. Pura retórica, puro guiño a los obreros/pobres/de-abajo/dominados alienados, para que se sacudan los lazos ideológicos que les unen contradictoriamente al voto a la derecha (que si el patriotismo, que si el mal entendido derecho a la vida, que si la defensa de la seguridad y el orden, que si la fidelidad a las tradiciones religiosas de sus familias o entornos, etc). Los nacionalistas en general y los falangistas en particular, intentaron e intentan utilizar un mecanismo semejante; estos últimos, los falangistas en concreto, unen el patrioterismo con el rechazo al egoísmo del capitalismo, para distanciarse tanto de éste como del comunismo; los nacionalistas esgrimen el argumento identitario frente al centralismo. Los medios del bipartidismo también intentaron desprestigiar a IU y a Anguita en particular comparándolos con la Falange, pues no se identificaba ni la con la derecha (PP) ni con la izquierda (que para el discurso oficialista e identifica con el PSOE).

             No pretendo decir que Podemos sea como Falange: ¡Dios me libre!, nada de eso. Simplemente pretendo apuntar que, como Falange tomó partido por el golpe de estado de derechas (eran hijos de la oligarquía), Podemos tendrá que elegir apearse de ese distingo teoricista y asumir el apego sociológico que ancestralmente la gente tiene a identificarse como más de izquierdas, o más de derechas, o más de centro, o más de no-sabe-no-contesta. Que aprendan del chavismo y de los “populismos” latinoamericanos bolivarianos triunfantes, que no niegan su adscripción a la izquierda. De hecho, Podemos ya ha elegido: se ha inscrito en el Grupo de la Izquierda Unitaria Europea para ejercer su trabajo institucional en el Parlamento de la UE. Pero es más: Podemos, “malgré luí”, es de izquierdas para el sentir de la mayoría de la gente. Y es que uno no es lo que cree o quiere ser, sino lo que los demás creen que es. 

            Podemos deberá definirse de izquierdas si no quiere ser pasto del oportunismo. Pues habrá muchos desechos partidarios que intentarán volver a la primer línea de la escena política aprovechando la falta inicial de cuadros políticos de Podemos de cara a afrontar el reto electoral de las municipales, autonómicas y generales de 2015, o de las andaluzas de 2016.  

            Pero además, éticamente Podemos debe responder al reto de cumplir con el deber de todo partido político serio de hacer pedagogía, uniendo la teoría de fondo con el mensaje o discurso electoral. Y Podemos ha hecho pedagogía de izquierdas, recogiendo el mensaje del movimiento 15M, lo llame como lo llame. Podemos debe olvidar el laboratorio académico de los politólogos que le han dado base teórica, y asumir modestamente que nada nace de la nada, sin raíces; y que el pueblo español ha aprendido históricamente que la defensa de los de abajo es de la izquierda, y la defensa de los de arriba es de la derecha. Y para que la convergencia de todo el pueblo se produzca, los análisis novedosos deben ser respetuosos con la sencillez del mensaje y de las liturgias. Confusionismos, los precisos.

            ¿Qué intento con este análisis sobre las aristas más rugosas de Podemos? ¿Por qué establecer los parámetros que distancian a Podemos de IU? Pues porque:

            a) en cuanto a elementos programáticos, no hay excesivas diferencias, más bien al revés, hay muchas coincidencias; pero debemos buscar un lenguaje común que no confunda a la gente, sino que la una.

            b) se ha especulado mucho con que Podemos le ha robado muchos votos `potenciales a IU, y aunque esto no sea exacto, -pues los votos no son de nadie, y  la mayoría de los votos de Podemos hayan sido arrancados a la abstención  de los desencantados del PSOE-, es verdad que sin la presencia de Podemos en el escenario electoral, la movilización y la indignación antisistema podrían haber incrementado aún más el espacio electoral de IU (no conviene que IU se engañe en este aspecto ni que esconda la cabeza debajo del ala, so pretexto de no tener complejos ante el fenómeno “Podemos”: precisamente el acomplejado suele negar el problema, ignorándolo).

            c) el futuro en el corto y medio plazo de la izquierda transformadora española pasa por la convergencia entre IU y Podemos. Al menos, eso creo yo.

            d) la identidad de la izquierda no perdura si quienes representan su articulación orgánica olvidan o soslayan la centralidad del conflicto de clases (llamadme anticuado, pero esa es mi más íntima convicción); y en consecuencia, la convergencia entre IU y Podemos será más fuerte si ambas formaciones coinciden en este compromiso de clase. 

            Le pasará a Podemos como le pasó a la IU de Anguita: cuando empezó a asomarse al 15% de los votos, empezó a ser peligrosa para el sistema; y entonces empezaron los instrumentos mediáticos (y de todo tipo) del sistema a destruirla o debilitarla desde dentro, provocando cismas protagonizados por lidercillos de todos los niveles. Pues diferencias que justifiquen las escisiones, siempre las hay cuando se buscan. IU ya ha pasado su desierto; en solitario, con el silencio y la incomprensión a sus espaldas, ligando siempre la lucha en la calle con la lucha en las instituciones a las que haya podido acceder mediante el respaldo electoral de la gente consciente.

            Podemos empieza ahora: ójala dure su luna de miel con el electorado al menos hasta las próximas elecciones generales. Antes no será posible la convergencia (aunque hay que intentarla por todas nuestras fuerzas).Más bien existirá un período de colaboración en la lucha social, pero de rivalidad en el ámbito electoral. Ójala me equivoque. Pero lo previsible es que Podemos quiera aprovechar las elecciones municipales y autonómicas para fortalecerse, preparando así el sorpasso a IU en el espacio electoral de la izquierda real, ganando para sí la hegemonía en una potencial construcción de un frente electoral amplio, tipo Syriza, de cara a las elecciones generales de 2015 o a las siguientes.

Y es que la renovación generacional tiene todo tipo de ventajas. Pero también tiene un inconveniente: que sus líderes tienen menos edad, y por tanto, mucho tiempo por delante para posponer o dejar pasar los tempos políticos. Los más veteranos -yo al menos- no quisiéramos vernos enrolados en el bucle histórico de la repetición de experiencias sectarias que ya hemos vivido tantas veces. Tenemos más prisa, pues el tiempo se nos va con los achaques propios de la edad. Aunque, bien mirado, no solo se nos va a nosotros, pues las condiciones subjetivas creadas por una crisis-estafa como ésta no se repiten todos los días.

             Podemos, sí; con IU, podemos (esta última palabra, léase con minúscula y con mayúscula también).

 

PVP140625