Archivos para enero, 2015

Las razones que la presidenta de Andalucía Susana Díaz alega para adelantar las elecciones andaluzas a marzo de 2015 son “de sainete”. Román Orozco recordaba el pasado jueves en su columna de El País que Susana Díaz había avisado que no quería que el enfrentamiento entre los dos socios del cogobierno andaluz derivase en “un sainete” como el que están representando Mas y Junqueras en Cataluña. Pero después de su inesperada e injustificable actitud de decidir unilateralmente el adelanto electoral, los ciudadanos de Andalucía tenemos la sensación de estar ante una comedia escrita y representada sin ton ni son. Sus razones son fácilmente desmontables:
a) Que el vicepresidente Diego Valderas haga una visita institucional al Sáhara para supervisar cómo se está invirtiendo el dinero público andaluz en ayudas que garanticen un acceso básico al agua, a los hospitales o las “madrazas” (centros educativos) de los campamentos donde viven de forma heroica e inhumana los saharauis expulsados al desierto argelino después de la invasión marroquí de 1975, es perfectamente justificable desde el punto de vista de los Derechos Humanos que debe cumplir Andalucía como región del mundo civilizado y de una economía desarrollada. Y si el monarca alauita de Marruecos se enfada, será su problema. Entra dentro de la lógica institucional que Marruecos haga gestos de desaprobación, alegando razones históricas, económicas y de geopolítica. Lo que no es tan normal es que la presidenta de Andalucía responda a esa presunción de disconformidad arrodillándose ante un gesto que ni siquiera se ha producido todavía. Y menos que lo haga con esas formas tan autoritarias, tan fuera de tono: primero “prohibiendo” a su vicepresidente que utilice su cargo, y, segundo, convirtiendo la lógica resistencia de Diego e IU a aceptar una imposición tan explícita y desairada en una burda excusa para romper el Pacto por Andalucía y adelantar las elecciones. ¿No entra dentro de los cálculos del socio mayoritario en un gobierno bipartito dejar una cierta autonomía funcional, sobre todo en las competencias asignadas a cada consejero? ¿No debe preservar el socio mayoritario la identidad del socio minoritario, precisamente por interés del gobierno común y del suyo propio? El consejero Valderas gestiona la cooperación internacional, y además su presencia en la vicepresidencia andaluza aporta la representación de 440.000 andaluces que han apoyado las señas de identidad de una izquierda más a la izquierda como es IU. La inteligencia política así lo aconsejaría: el rédito no es solo para IU, sino que puede ser para el PSOE… si él quiere. Estamos ante el mismo tipo de metedura de pata de Susana que en el caso de “La Corrala”. Pero esta vez, todo parece indicar que la presidenta usa la discrepancia como excusa para no bajarse del burro. El adelanto electoral es un apriorismo al que hay que buscarle sus causas reales.
b) Otro de los argumentos que ponen los pelos de punta a doña Susana es que IU promueva una iniciativa para que el Parlamento de Andalucía investigue las irregularidades cometidas antes de su entrada en el gobierno, con el fin de exigir las responsabilidades políticas que corresponda, y pueda elevar a los tribunales de justicia los presumibles indicios de irregularidades cometidas durante varios decenios. Susana Díaz debería agradecer esta iniciativa de IU, pues en el fondo le quita el marrón de ser ella quien tenga que acometer esta ingrata tarea. ¿No es ella misma quien está día sí y día no fardando de que con ella no existe mancha alguna de corrupción o irregularidad? ¿No es ella la protagonista de la transparencia en Andalucía? Pues una comisión de investigación o algo parecido a lo que IU propone es lo idóneo. Y si la iniciativa no viene de las filas del PSOE-A, sino desde fuera de su partido, mejor para ella; pero si además proviene de miembros de su gobierno, todavía mejor, pues si ella no se opone, estará contribuyendo a la transparencia y persecución de la corrupción sin mojarse más que lo suficiente para dejar pasar la iniciativa parlamentaria. Por el contrario, si Susana lo utiliza como argumento para romper el gobierno, nos está diciendo con hechos que no quiere transparencia ni búsqueda de responsabilidades. Esa transparencia es una parte muy importante del cambio de modelo político que se explicita en el Pacto por Andalucía y que es el grito mayoritario de la calle.
c) Todavía menos peso tiene el tercer argumento: que la asamblea andaluza de IU LV-CA ha decidido realizar un referéndum entre sus afiliados y simpatizantes para en junio o así, después de las elecciones municipales, opinar sobre si debe o no seguir en el gobierno andaluz. Pero esta futura actuación de IU LV-CA (ni siquiera está convocada) es un acto interno de un partido, de IU LV-CA. En democracia hay que aceptarlo como algo normal: ¿cómo se puede presumir de protagonizar la renovación de la política del PSOE como pretende Susana Díaz y al tiempo chantajear al partido socio del gobierno que preside con echarlos y convocar elecciones si realizan una actuación que ella rechaza? Revisar y hacer balance, y hacer luego participar con su voto a sus bases, es un avance democrático, algo muy sano. Debería ser aplaudido o incluso imitado por el PSOE-A de Susana. Si el cogobierno ha funcionado bien, a favor de los intereses de los andaluces y andaluzas, no hay que temer el resultado del referéndum. Mi impresión es que una mayoría muy mayoritaria de IU LV-CA sería favorable a mantenerse dentro del gobierno andaluz.
Eso sí: cumpliendo y haciendo cumplir al socio el Pacto por Andalucía, el programa pactado en 2012 entre PSOE-A e IU LV-CA para gobernar Andalucía desde valores y propuestas progresistas. ¿O lo que teme Susana es tener que cumplir un Pacto que no le gusta? Siempre ha dicho lo contrario. No debemos pensar mal, pero la decisión de Susana nos hace pensar que la presidenta andaluza no ha pensado en la necesidad de cumplir ese Pacto de Andalucía hasta sus últimas consecuencias. El adelanto electoral simplemente por el bien de una ciudadanía que está sufriendo un 33% de paro, unos recortes presupuestarios que vienen del Gobierno central, pero que sufren los andaluces, etc. ¿O tan graves e inevitables son los encontronazos en el seno del cogobierno que impiden el avance de los intereses de los andaluces? Todo lo contrario: han conseguido ponerse de acuerdo en el texto del proyecto de ley creadora de la banca pública, en la no privatización de los hospitales y los centros sanitarios, en la ley contra los desahucios, en programas para mantener la gratuidad de los libros de texto y del transporte escolar, para fomentar los comedores escolares… tantas cosas que no cabrían ni en mil folios como estos.
No ha existido inestabilidad en el cogobierno PSOE-A e IU LV-CA, y ni casi roces. Ni en el pasado ni es seriamente previsible de aquí a marzo del 2016. Susana Díaz celebraba el 22 de diciembre de 2014 la aprobación del Presupuesto de Andalucía para 2015 “como un elemento de estabilidad política, social y jurídica”. ¿Cuándo mentía Susana: cuando calificaba de estabilizador el cogobierno, o cuando ahora habla de inestabilidad?
Pero incluso aunque existiesen razones o encuestas para temer un resultado del referéndum interno de IU que le obligase a salirse del cogobierno. Sí sabemos que el referéndum no sería vinculante, y en consecuencia sería el consejo andaluz de IU LV-CA o una asamblea extraordinaria convocada al efecto quien en último término debería decidir la salida del gobierno andaluz. Pero en el caso de que esto se produjese, siempre podría existir la posibilidad de mantener la estabilidad frente a un PP-A debilitado, aunque IU estuviera fuera del gobierno. Y eso siempre sería mejor que un adelanto electoral.
Un adelanto electoral adelanta la entrada en el Parlamento de Andalucía de otras fuerzas hoy ausentes, y con ellas, adelanta la inestabilidad que hoy no existe.
¿O no es más fácil que el PSOE-A de Susana Díaz y la IU LV-CA de Maíllo se entiendan con la actual correlación de fuerzas, que el que, -descartada la existencia de cualquier mayoría absoluta en el próximo futuro-, una presunta mayoría simple del PSOE-A debería ser apoyada desde dentro o desde fuera del futuro gobierno andaluz por un Podemos crecido en votos y sectarismo, una IU LV-CA con deriva electoral incierta (no se sabe si subirá por su positiva gestión o se debilitará por su decisión de compartir gobernar con un partido del bipartidismo), o una UPyD o un Ciudadanos que pueden capitalizar la caída del PP-A? Podemos e IULVCA ya han dicho que no lo apoyarán. Después de esta nefasta experiencia, o le salen las cosas bien a Susana Díaz (sus aspiraciones o intenciones ocultas) o es un cadáver político en Andalucía y en España, salvo que la nueva y vieja derecha del parlamentarismo andaluz (PP-A, UPyD-A o Ciudadanos) la apoyen sobre la base de un giro a la derecha, contra los intereses de los andaluces menos pudientes. Mucho tiene que cambiar el PSOE-A para que IU vuelva a confiar en el PSOE de Andalucía. Y para empezar, cambiar de candidata a presidenta.
La inestabilidad que hay que temer –si es que hay que temer alguna- es la procedente de un cambio del mapa electoral andaluz creada en el futuro por unas inoportunas elecciones anticipadas. Capricho, cambio inoportuno, que deben obedecer a alguna lógica que la ciudadanía va a juzgar con su voto, salvo que una buena maquinaria electoral logre camuflarla. Pero Susana ha echado ya sus cálculos y sopesado sus intereses en juego. O error de cálculo o intereses personales suficientes como para jugarse la presidencia,,, de Andalucía al menos. ¿Audacia o pura irresponsabilidad? Susana promueve y el PSOE la apoya, incluso Pedro Sánchez, aunque con la mosca detrás de la oreja. Ella podrá no ser la única interesada, pero sí principal responsable.
Pero la única inestabilidad será el promovido por el adelanto electoral que propone Susana Díaz.
Dicho esto, ¿seremos capaces de conocer de antemano cuáles son los verdaderos motivos de Susana Díaz para adelantar las elecciones andaluzas? Es muy fácil:
1º) El primer cálculo de Susana Díaz es huir del escándalo de corrupción. Susana teme que los catorce meses que le quedan como presidenta casi todos los cargos públicos del PSOE-A se los van a pasar en los juzgados para averiguar la corrupción en Andalucía: EREs, ayudas a las empresas, ayudas a la formación para el empleo, etc. La anticampaña electoral se la van a hacer los medios de comunicación, Alaya y los dos expresidentes como Chaves y Griñán. Es un punto de vista alicorto pues de aquí a marzo los medios de comunicación arreciarán en la adjudicación de la pasada corrupción, metiendo ya de paso a IU en el saco, aunque nunca haya estado en el gobierno andaluz hasta 2012, justo cuando este tema se rectifica. Pero Susana prefiere adelantarse y garantizar cuatro años más de gobierno, incluso a costa de una mayor inestabilidad.
¿Cuál es el fallo de este cálculo? Dos: primero, que no es seguro que el PSOE-A consiga gobernar después de las elecciones adelantadas; segundo, que muchos andaluces y andaluzas van a saber valorar que Susana no quiere aclarar lo de la corrupción ni cumplir el Pacto por Andalucía.
2º) El segundo cálculo es aprovechar el tirón personal de Susana Díaz. Lo tiene, nadie se lo niega. Y menos Felipe González, Zapatero, Bono, García Monge, La Razón y los medios de comunicación partidarios de hacer pedazos a Pedro Sánchez.
¿Cuál es el fallo de este cálculo? Que ese tirón no evite crear unas nuevas condiciones desfavorables para la izquierda en Andalucía, para el PSOE-A en general, y para Susana Díaz en particular. Eso dependerá del mapa parlamentario andaluz que quede. Adelantemos una previsión razonablemente acertada. En Andalucía, Susana va a conseguir con su adelanto electoral: una mayoría simple para el PSOE-A (que pasaría del 39’52% al 33%); un voto de derechas dividido entre un PP-A m debilitado (del 40’66% al 27%) más una UPyD (del 3’35% al 4%) y Ciudadanos (nuevo) que pueden o no entrar en el Parlamento andaluz pero sin fuerzas como para apuntarla un gobierno de derechas con el PP-A; un Podemos que entrará como fuerza parlamentaria nueva (la última encuesta les sitúa en un 10%, pero puede que UPyD y Ciudadanos le disputen el voto de centro que Podemos fomenta con su discurso que niega la bipolaridad derecha/izquierda) y ha declarado que no va a pactar con el PSOE en ningún caso; y una IU LV-CA que aspiran a que se debilite (pasaría de un 11’34 a un 8’7%, cosa que parece una estadística precocinada, pues se parte de una mayor debilidad de Podemos en Andalucía que en el resto de España, y una mayor fuerza de IU en todos los ámbitos, orgánico, institucional y de experiencia de gobierno y de lucha, alianzas con movimientos y organizaciones sociales).
Si IULVCA y Podemos no apoyan la investidura de alguien del PSOE-A (¡Susana Díaz nunca más!) podría darse el caso de que la presidencia o se quede en manos del candidato de la derecha, o en manos de alguien del PSOE-A que no sea Susana Díaz, salvo que la estabilidad pudiera venir garantizada por un pacto PSOE-PP. ¿Es lo que Susana Díaz está buscando? Bonilla Moreno ya se lo ha propuesto varias veces. Un PP-A perdido en Andalucía pone toda su artillería en dividir orgánicamente a la izquierda y derechizar sus políticas. Una Susana decidida a arriesgarse como lo hace y a dejar a Andalucía en estas condiciones nos refleja la imagen de una política oportunista y pragmática. Imagen muy desagradable para una sociedad como la andaluza hipersensibilizada por la prepotencia del “régimen”, esto es, de un PSOE-A que ha gobernado 35 años en Andalucía, en solitario o en cogobierno con el PA o con IU ahora. ¿Qué podrá más: el presunto tirón de Susana o la necesidad de oxigenar la monopolización del poder por parte del PSOE-A?
3º) El tercer cálculo es pensar que un éxito parcial de Susana en Andalucía pueda removerle el sillón a Pedro Sánchez. Me explico: coinciden en el tiempo el empecinamiento de Susana Díaz por hacernos ver algo tan increíble como la inestabilidad del cogobierno andaluz, y una operación interna del PSOE para buscarle al nuevo secretario general del PSOE un oponente creíble para las primarias a candidato a la presidencia de Gobierno, que pueda competir con un Rajoy muy desgastado. Ya hemos mencionado a alguno de sus más pesados protagonistas del PSOE. ¡Qué casualidad! Los medios de comunicación están dándonos datos todos los días que confirman esa conspiración interna. Y el mosqueo de Pedro Sánchez. La hipótesis es que la “operación Susana” ya ha empezado. El primer paso es el adelanto electoral en Andalucía: despejaría el espacio/tiempo necesarios para gestionar una operación de semejante envergadura; le daría un éxito parcial a la candidata que vencería y/o convencería a los partidarios de Sánchez; y le crearía al PSOE un espacio competitivo con la derecha al tratar con desdén, mentiras y hasta mala educación a una IU que incluso ahora cogobierna lealmente con ella, o desdeñar el peligro de aquellas fuerzas (IU y Podemos) cuyo voto puede necesitar en el futuro.
¿Cuál es el fallo de este cálculo?
Aunque con el adelanto electoral el PSOE-A de Susana pierda votos y porcentaje respecto a las elecciones de 2012, sin embargo los resultados aparecerán como un éxito del tirón de Susana, ya que recupera la mayoría (simple) en Andalucía. El adelanto electoral en 2015 dejará un mapa parlamentario en Andalucía ingobernable (permanentemente inestable al menos), o incluso en manos de la derecha, pero Susana Díaz será presentada en el seno del PSOE de España como quien ha obtenido el éxito personal de recuperar la mayoría frente al PP. ¿Será ésta la clave del irresponsable movimiento político que Susana Díaz acaba de perpetrar contra Andalucía? Personalmente creo que sí: conseguir un éxito político de Susana Díaz como lideresa del PSOE a nivel estatal, que, aunque siga apoyando a Pedro Sánchez como candidato a la presidencia del Gobierno de España en noviembre de 2015 (que el batacazo electoral se lo dé el secretario general elegido por el PSOE hace tan solo seis meses), después de enero de 2016 la nueva lideresa de la socialdemocracia española Susana Díaz daría la batalla por sustituirle como nueva secretaria general y próxima candidata para 2019 o incluso antes, si la inestabilidad política y social vuelve a planear cambio del gobierno.
Pero el riesgo de que la “operación Susana” se desinfle es muy elevado, en cualquiera de las fases en que está planificado: en la fase de aquí a las elecciones andaluzas, si las encuestas demuestran que los andaluces no han picado el anzuelo de la inestabilidad; en la fase de las andaluzas a las generales, no dando a Pedro Sánchez el triunfo en las primarias y teniendo Susana que asumir el marrón de la pérdida de las generales, o el éxito de otro eventual ganador/a de las primarias del PSOE; o en la fase de las generales de 2015 hasta las siguientes generales de 2019, donde una Susana en terreno de nadie (hasta Anguita cuando perdió pie en Andalucía acabó perdiéndolo en toda España).
Lo cierto es que la operación “Susana” (recambio de Pedro Sánchez por Susana Díaz) ya ha empezado. Y sea exitosa o fallida en lo que respecta a la recuperación del social-liberalismo español (no se merece el nombre de socialdemocracia lo que no lo es) el chivo expiatorio será Andalucía.
Bueno. ¿Y qué? Total, Andalucía está acostumbrada a ser la periferia de la periferia. Y el adelanto electoral le va a costar una provisión no presupuestada de 22 millones de euros, cuando con sólo 10 de esos millones hubiera bastado para financiar el programa correspondiente a la ley de Renta Básica que se está debatiendo en un grupo de trabajo del Parlamento que ahora Susana va a disolver.
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Vicente Soria, de ATTAC-PV, en su artículo “Discurso dominante” nos enseña que “la maquinaria capitalista lleva trabajando varias décadas a pleno rendimiento para operar en la red neuronal de la sociedad cada vez con mayor eficacia […] Tienen muy entrenado nuestro cerebro, millones invertidos en psicología para este fin han dado unos maravillosos frutos, y en esta crisis se hace muy llevadero manejar los marcos conceptuales que han venido creando para dominar y mantener anestesiada a la marioneta zombi”. El cuarto poder ha subido escalones: ahora es el segundo, siempre después de la oligarquía financiera, y ahora por delante de los poderes democráticamente elegidos, el ejecutivo, el legislativo y el judicial (ambos ya supeditados al ejecutivo por las leyes electorales). Nos manipulan desde los grupos oligopólicamente constituidos, pese a que ahora podamos burlarles a través de acudir a la selección de algunos proveedores de información que nos permiten las redes. Pero la sobreinformación de esas redes digitales no impide que las TV y la prensa escrita sigan “siendo el rey”, como dice la canción mejicana de José Alfredo Jiménez. Este rey –alineado con la oligarquía político-financiera, son parte de ella- nos selecciona y categoriza nuestra información, nos informa, forma y conforma el pensamiento. Nos comen el coco, nos configuran y resetean el chip mental cuándo y cómo les interesa.

 Podemos ha logrado utilizar con gran aprovechamiento las redes sociales para conseguir unos resultados euroelectorales no esperados, y a través de esta “ruptura” con lo esperado en el mapa representativo (lo viejo, lo casposo, lo constitucional), obtener en las encuestas unas muy altas expectativas para el futuro electoral de las elecciones municipales, autonómicas y generales en España. Todo ello en 2015. El experimento de esos profesores universitarios de Madrid y otras universidades que hoy conocemos como “Podemos”, ha conseguido llevar a las urnas a una gran parte de los hasta ahora abstencionistas, arrastrar a los disgustados con las prácticas y engaños del bipartidismo, e incluso restarle a IU una buena parte de su esperado crecimiento. Podemos ha conseguido que gran parte de los indignados, movilizados por el trabajo y sobre las bases ideológico-programáticas de los militantes de IU, ICV, Equo, BNG, CHA, etc., se aglutinen primero electoral y después orgánicamente en torno a esa “expectativa”. Es una realidad. Negarla sería un error. La derecha puede permitirse ese lujo, pero la izquierda no.

Han puesto el acento en superar el engaño del bipartidismo, y también las viejas prácticas de “la casta”. En el saco de ese relato o discurso nos han metido a todos, incluso a los que hemos luchado por sus mismas ideas programáticas, o hemos criticado la Transición, o hemos denunciado la traición a la Constitución Española (que en su día fue calificada como la más avanzada del mundo civilizado, porque realmente lo era) realizada por los sucesivos gobiernos, y hemos propuesto hasta en el Congreso de los Diputados “hacer añicos el pasado” e ir a un nuevo proceso constituyente. Ambos hemos hecho lo que nuestras ideas y conciencias nos dictaban, y lo que hemos podido en función de nuestra trayectoria pasada: la Izquierda Plural en el Congreso (habíamos abierto el hueco en 1977) y en las redes sociales; Podemos, no en el Congreso (su presunta futura mayoría es una mera “expectativa” que se verá confirmada o no en noviembre de 2015), sí en las redes, y profusamente en las televisiones privadas y la prensa escrita.

 Curioso, ¿no? Que la Cuatro y la Sexta hayan y sigan dando tanta cancha a Podemos es cuando menos curioso. Y esto no lo han creado ni la habilidad de estos profesores universitarios (que la tienen), ni los cinco eurodiputados obtenidos por Podemos; Izquierda Plural ha conseguido seis y 600.000 votos más, y sin embargo los medios siguen dándonos nuestra exigua cuota de pantalla, y punto: formamos parte de la “expectativa”, pero a la baja. ¿Quién crea esa expectativa? ¿Quién forma nuestro chip? El rey, sigue siendo el rey de la canción mejicana, los medios de la comunicación de masas: desde la izquierda, todos los errores se le imputan al gobierno y el PP (con razón), toda la incapacidad de superar esa situación desde el bipartidismo al PSOE, y toda la capacidad de superarla a Podemos. Así, PSOE por sus políticas pasadas de ser la segunda opción del neoliberalismo, e IU por no haber conseguido su objetivo de movilizar lo suficiente (y por sus errores, que los hemos tenido también), se quedan en las encuestas con la flecha hacia abajo.

 Los medios y sus encuestas nos han convertido en unos consumidores ávidos de la “expectativa”: ha surgido una especie de “expectariado” paralelo y simultáneo al “precariado” en el que nos ha convertido en nuestro acceso al empleo y la dignidad de las condiciones de vida que nos permite el sistema capitalista, creando la “expectativa” de una salida a una crisis-estafa que ellos mismos habían provocado, mediante una autoritaria aplicación de su mayoría absoluta con el rescate a la banca, la reforma laboral y los recortes del Estado benefactor,

 ¿Triunfará esa operación “expectariado”? Nuestro deseo es que no, que Podemos siga aglutinando las expectantes voluntades de los indignados del pasado y del presente. Que gane las elecciones generales y abra hueco allí donde la izquierda no lo ha conseguido en tres decenios, sobre todo en las comunidades gobernadas por las burguesías nacionalistas. ¿Cómo no alegrarse de que en Grecia pueda ganar Syriza (“expectativa” próxima para este mismo 25 de enero?) ¿O que en Alemania avance Die Linke? ¿O que en España las encuestas le den a Podemos un horizonte del 20% ó más? Personalmente, me llena de esperanza que la salida de la indignación contra el sistema en estos países se oriente hacia una política de izquierdas, y no hacia el populismo de derechas de Francia, o de Reino Unido, Holanda…

 Pero algunos vamos a seguir defendiendo nuestras ideas en IU. La política siempre es correlación de fuerzas, o valentía, como decía Atticus Finch, en “Matar a un ruiseñor”: “Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final. Pase lo que pase. uno vence raras veces, pero alguna vez vence” . Estamos tan acostumbrados a perder de antemano, que ni nos dolerá. Al contrario, nos alegrará el éxito de Podemos, si lo consigue. Pero… (siempre hay uno o varios peros).

 Primer pero: IU ha hecho bien en mover banquillo, jugando a ganar con Alberto Garzón. La llegada a la parrilla de salida de una nueva generación con una cabeza tan lúcida como la de Alberto es un lujo y un acierto. Entre el expectariado ha caído muy bien la propuesta. Queda por saber si este nuevo protagonismo consigue repartir dividendos electorales con Podemos o no.

 Segundo pero: Podemos no debería asentar su éxito sobre una injusticia como la de meter a IU en eso de la casta. ¿Somos “casta” los mindundis que hemos vivido intentando acumular fuerzas ciudadanas (unos más obreristas, otros más ciudadanistas) y llevar a las instituciones democráticas –ayuntamientos, diputaciones, autonomías, Congreso, Senado, Parlamento Europeo- lo que los indignados o agraviados de cada momento nos pedían, o incluso lo que a nosotros mismos se nos ocurría, sin apenas participación y con una honestidad a toda prueba de la corrupción ambiente? Razones de ética (saben que es una gran mentira que IU sea o haya sido “casta”) y de eficiencia política (luego hablaremos de las ventajas de la “unidad popular”) avalan este pero.

Tercer pero: Decididamente, todos somos “casta”. Pues al ponernos “magníficos”, pontificando sobre lo que nos conviene a todos, lo hacemos sustituyendo a los demás. Dicho a lo claro: que todos hablamos en nombre del pueblo, de la gente, de la mayoría, de los demás. Por mucho que abramos otros cauces digitales o presenciales a la participación Desde ese momento, somos “casta”, estemos o no en algún gobierno, municipal, andaluz o estatal, hayamos gobernado o no en el pasado, hayamos ostentado representación institucional o no, hayamos sido elegidos o no en convocatorias electorales, o simplemente hayan sido las encuestas las que no hayan elevado a los cielos representativos, o sea el siempre coyuntural arropo de las mareas movilizadoras surgidas del 15-M, del 28-F, del 22-M o de otras marchas a mayor gloria de la dignidad de la ciudadanía (por supuesto) y sobre todo de nosotros mismos, los que nos movilizamos para llegar a buen puerto en la primera ocasión que tengamos de presentarnos a algún evento electoral.

 Cuarto pero: Vienen curvas, pues a lo largo de 2015, la operación “expectariado” va a cambiar su objetivo privilegiado, va a mover su eje desde Podemos hacia el reforzamiento de los partidos del bipartidismo, y su entendimiento en un futuro gobierno PP-PSOE, o PSOE-PP, que lo mismo les da. Un triunfo del “populismo de izquierdas” les preocupa mucho, y van a hacer todo lo posible para evitar que el futuro de la economía española se mueva en el sentido contrario al que marquen los mercados. La prueba es la entrada de la Merkel en la campaña griega. Como un elefante en una cacharrería.

 Quinto pero: La búsqueda del voto del centro puede restar más que sumar. Alemania va a intentar no pagar un euro en la necesaria reestructuración de la deuda y en el incremento de inversiones del sector público. Los liberales y la derecha ya no controlan ni siquiera a su extremo xenófobo, neonazi y racista. Véase el éxito de Marine Le Pen en Francia (ya es en parte realidad, pero también en parte fruto del expectariado). Y los partidos considerados por el electorado hasta ahora de centro-izquierda de Europa, los socialdemócratas y los socialistas tampoco son alternativa: han pactado el inmovilismo en el Parlamento y el gobierno europeo.

 Pueden ponerse muy izquierdosos cuando están en la oposición, como actualmente Pedro Sánchez en el PSOE español. Pero todo el mundo sabe que una vez alcance el “poder” del Gobierno, sentirá la necesidad de la respetabilidad y reconocimiento de “la comunidad internacional”. Como le ocurrió a François Hollande que al llegar a la presidencia de Francia descubrió que la oferta crea demanda. Lo mismo le pasó a Felipe Gonzalez en cuanto se quitó la chaqueta de pana: que descubrió a la Guardia Civil.

 ¿Qué descubrirá Podemos cuando llegue al gobierno? Como estoy convencido de que “no todos los políticos son iguales” (al contrario de lo que predican los que nos acusan a los demás de ser casta), estoy convencido de que Pablo Iglesias no tiene por qué descubrir nada que le aleje del programa con que se presente. Pero de salida ya hay varios elementos que me mosquean un poco:

 – primero, que en esa estructura piramidal y caudillista de que ha dotado a su partido, el programa de Podemos será el que más convenza a Pablo Iglesias y su equipo de 20 personas;

 – segundo, respecto del pre-programa elaborado por Juan Torres y Viçens Navarro, aceptando que tiene un enfoque coherente para gestionar el riesgo económico posterior a la crisis, sin embargo: a) al aterrizar en medidas concretas abusa de ciertas ambigüedades, de las remisiones a “estudiar la posibilidad de”, o “buscar alianzas en”, o “dar participación para”, o “crear un gran pacto”; b) se recomienda acudir a expertos en los temas sectoriales; c) el enfoque del pre-programa cojea en la defensa de los derechos laborales, o al menos obvia la recuperación del carácter tuitivo del Derecho del Trabajo; se inclina más por las reformas “ciudadanistas”.

No denuncio que estos ilustres académicos agüen los contenidos de sus propuestas, sino que señalo que entre todos nos pueden estar preparando el cuerpo (consciente o inconscientemente) para que el Pablo Iglesias-presidente pueda aguarlos sin que le acusen de incumplir el programa.
El “expectariado”, por propia naturaleza, necesita creerse lo que le dicen desde su opción. Lo mismo que el “precariado” necesita creer que su situación es transitoria, que va a cambiar su suerte y va a encontrar un empleo indefinido, una vida digna, y se va a convertir en el consumidor que era “antes de la crisis”. En realidad, lo viejo es el “proletariado”, esa vieja y obsoleta formación social que requería la consigna voluntarista del “proletarios del mundo, uníos”. Y después, montar sindicatos, partidos y revoluciones (¡menudo marrón!). Era la política de izquierdas. Eso es de otra época. Al “precariado” las consignas le venían de las grandes corporaciones y sus redes consumistas, y de los empresarios abusones que jugaban a ahormar la ley con las cartas marcadas. Y al “expectariado” actual (indignado, pero muy consciente de que de esta crisis no se sale como estábamos antes) le basta con que unas cuantas redes sociales o digitales y los medios de comunicación ya citados les muestren una cara joven (con o sin coleta) que denosta todo lo viejo, que centra su discurso más en la reforma formal de “la política” que en los contenidos, y que en cuanto al contenido del programa crea un imaginario futuro ambiguo, que no es de derechas, pero tampoco exactamente de izquierdas.

 Para esta nueva formación social que es el “expectariado” lo más importante es reformar “la política” cambiando cuatro cosas: 1º) “el relato”, (“relato, relato, relato”, diría el moderno Julio Anguita), una especie de discurso o catálogo de enunciados donde se mezclan ideas-guía y propuestas programáticas concretas, configurando un corpus doctrinal siempre más laxo e impreciso que el programa; 2º) las caras y la imagen (tipo H&M, a ser posible), 3º) los métodos de participación interna para evitar el dirigismo y la corrupción; 4º) los mecanismos de participación de la ciudadanía para superar la democracia participativa y hacer más real la democracia.

Para los que se empeñan en buscar diferencias entre “lo viejo” que es IU y “lo nuevo” que es la fórmula Podemos, poco importa que la renovación de esos métodos internos ya haya sido ensayada por IU y forme parte de su ADN: a) la asamblea fue inventada por IU como célula orgánica básica, decisoria en su ámbito local, de distrito, etc.; b) las asambleas siempre han estado abiertas a los simpatizantes y la prensa (salvo situaciones raras y excepcionales); c) a las asambleas sectoriales se les llama “áreas” en IU; d) todos los militantes de IU han podido votar siempre a sus dirigentes y candidatos; e) los programas se han elaborado contando con la participación de la gente que ha querido hacerlo; f) la decisión de entrar a formar cogobiernos con otros partidos se decide en asamblea; g) los cargos públicos siempre han tenido un “estatuto” o código ético al que atenerse, que en general se ha cumplido; h) siempre ha habido una limitación de mandatos (dos, prorrogables hasta tres si no 60% de la asamblea lo aprueba; salvo en Marinaleda, claro); i) los dirigentes elegidos en cada ámbito controlan los censos, con respeto a la confidencialidad exigida por la ley.

Todo muy parecido entre IU y Podemos. Quizá la única gran diferencia es que IU es en sí misma el fruto de una confluencia de varias formaciones políticas, y en consecuencia hay mayorías y minorías. Cuestión de la que tampoco Podemos se salva, y debe, pues el pluralismo es una riqueza de la izquierda, no un estorbo a erradicar. En Podemos también existen minorías, pero no podido entrar en la dirección piramidal, que es monocolor, por decisión de la mayoría. En IU eso no puede pasar, pues por Estatutos las minorías tienen garantizada su presencia en todos los órganos, de abajo arriba. Syriza se parece en eso más a IU que a Podemos.

El que se empeñe en buscar diferencias viejo/nuevo en IU/Podemos, seguro que las encontrará. El que se empeñe en buscar similitudes, ahí tiene señaladas unas cuantas. Respecto a la mayor participación de la ciudadanía en la política hacia fuera, o en la mayor o menor concreción del programa o el relato, o las caras nuevas, no hay diferencias. Y respecto a ampliar la democracia en las instituciones, ahí hemos estado luchando por ello, codo con codo en las huelgas generales, en las mareas, en las marchas por la dignidad. Permitidme la broma. Respecto a la imagen, depende de preferencias: si Podemos logra aglutinar orgánicamente a profesionales y capas medias, deberá cambiar H&M por Zara, Zara por Cortefiel, y de ahí a El Corte Inglés… o mejor aceptar el pluralismo en cuanto a gustos y modas.

¿De dónde le viene a Podemos ese sectarismo respecto a IU? Saben los profesores Iglesias, Errejón, Monedero, etc. origen del experimento, que el “expectariado” busca la máxima eficacia, pues quiere ganar a todo costa. Podemos y los medios presentan a IU como un lastre. Pero los medios que controlan el chip del “expectariado” les engañan, al expectariado y a sus profesores-promotores (pues los oligarcas de la comunicación ya han empezado a desplegar la segunda fase de su estrategia mediático-política para el 2015, potenciar el bipartidismo y dividir a la izquierda alternativa): a) la ambigüedad del “relato” u orientación ideológica puede decepcionar a la gente que aspira a cambiar de verdad las cosas (ya se conforman con la bendición de Piketti, lo mismo que Pedro Sánchez); b) el rechazo a forjar la Unidad Popular por parte de Podemos en respuesta a las múltiples propuestas de IU puede irritar o desanimar a una buena parte de su base natural, que sigue siendo de izquierdas; c) las expectativas pueden salir bien o mal, esto es, se puedan perder las elecciones y no llegar al gobierno a la primera, y es preferible que Podemos reparta con IU responsabilidades a ser culpable de la división de una izquierda plural que hoy todavía es posible construir a favor de la mayoría social, incluida la del centro-izquierda; d) la decepción de los expectantes puede diluir durante décadas la confianza en soluciones a la izquierda, e incluso en la eficacia de la movilización social: porque si Podemos llega al gobierno, sus “soluciones” pueden parecerle a los afectados del día a día que se les quiere curar con una especie de “placebo de la izquierda”. (Para el que no sepa qué es un placebo: que en vez de la medicina más nueva, joven y eficaz que te han prometido, te intenten curar psicológicamente, con una pastilla de bicarbonato o una inyección de agua, pero en la que tú crees con fe ciega porque te la prescribe el médico).

No es inevitable correr todos esos riesgos. Frente a la oferta placebo de un Podemos en solitario para no ahuyentar el voto de centro, cabe apostar por la Unidad Popular donde converjan todas las fuerzas que quieren un cambio de verdad: Podemos y IU, y todas las demás. La Unidad Popular ofrece más garantías y ventajas. Los que quieran un cambio de verdad deben defender esa Unidad Popular frente a los sectarismos e intereses partidistas o personalistas de los partidos de izquierdas. ¿Nueva política? ¿Vieja casta? Veamos en los hechos quién es quién.
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En 2014 ha bajado el paro por primera vez en 7 años, pero es que antes había subido hasta 6 millones. Sí, la afiliación a la Seguridad Social crece en 417.574 cotizantes frente al año 2013, hasta los 16,7 millones (apenas un 2’37%, según Joaquín Estefanía). En consecuencia, el paro registrado cae en 253.627 personas en su mejor dato desde 1998. Y la contratación indefinida crece un 20% respecto a diciembre de 2013, aunque su porcentaje sobre la contratación total es tan un 8%, dos puntos menos que antes de la crisis, cuando era un 10% o más, y nos parecía a todos un auténtico escándalo.

Y a pesar de que con esos datos Rajoy puede sacar pecho, vana es su gloria, pues España sigue siendo líder de Europa en desigualdad por el paro crónico y la precariedad del empleo juvenil. Algunos datos tan reales como los que exhibe impúdicamente la ministra Báñez:

– en 2007 llegamos a tener casi 19 millones de afiliados al sistema público de Seguridad Social (así que hemos bajado más de dos millones de afiliados, y en cuanto a recaudación, al bajar los salarios y las jornadas de trabajo por el incremento de la temporalidad y el contrato a tiempo parcial propiciados por la reforma laboral, se recauda menos); según la EPA hay más parados que en 2011 (5.273.000 en el cuarto trimestre de 2011).

– hay menos colchón para hacer frente al pago de pensiones (66.815 millones en 2011 y 49.598 en 2014). Más excusas para ir privatizando el sistema público de la Seguridad Social.

– una de las claves del “milagro Rajoy” es que el insufrible crecimiento de la desigualdad en España. Es el país desarrollado donde más ha crecido la desigualdad durante la crisis; el “Informe Mundial sobre Salarios” de la OIT cifra el distanciamiento entre ricos y pobres entre un 40% y un 50%. Ya sólo EE.UU. nos supera en desigualdad. ¿Cómo se ha producido esto?

– el IEE (Instituto de Estudio Económicos) de la CEOE afirma que el número de parados de larga duración españoles (los que llevan más de un año sin encontrar trabajo) crece al doble de velocidad que el de europeos; la EPA dice que los PLD son el 62% de los desempleados, unos 3,5 millones de PLD llevan más de un año en el paro, y 2,34 millones, más de dos años.

– las prestaciones por desempleo han disminuido, habiendo caído en 400.000 en los dos últimos años la cifra de parados que no cobran la prestación contributiva, y más de dos millones en total la de quienes no reciben ayuda alguna del Estado. Y eso, pese a que el número de años en que sufrimos esta crisis-estafa es cada vez mayor. En general, la tasa de cobertura ha bajado al 57,88% en noviembre. ¿Cómo se explica esto?  Primero, por los recortes practicados por el Gobierno en el acceso y las cantidades de las prestaciones; segundo, por la caída de los salarios que son su base reguladora; tercero, porque la ley marca un período corto de percepción entre prestación y subsidio, que luego los sucesivos acuerdos Gobierno-sindicatos prolongan con la mísera cantidad de 426 euros/mes para los que no perciben ayuda y tienen determinadas cargas familiares; cuarto, a pesar de ello, cada vez son más las personas que no perciben ningún tipo de ayuda pública; quinto, porque la desigual distribución de la renta ya empezó a crecer a partir desde los años 80 por los problemas estructurales de nuestra economía que la crisis-estafa ha puesto de manifiesto (paro estructural mayor que la media europea, baja productividad, un mercado laboral muy segmentado entre contratos temporales e indefinidos, el peso desmedido de la construcción), y a partir de 2005 no ha hecho más que crecer, según capas sociales (los inmigrantes ya estaban cobrando antes los salarios más bajos) o la comunidad autónoma a la que se pertenezca;

– la cifra de jóvenes que no trabajan se disparó en España un 200% durante la crisis, mientras en Europa aumentó un 34%; el 92,3% de los menores de 30 años tiene contratos temporales; según Eurostat, el paro español de larga duración entre los menores de 29 años era del 17,8% en 2013, más del doble que el de la zona euro, y ocho veces el registrado en 2008 (el Italia, un 15,9%, se duplicó en 5 años; en Francia, 6%). Esta es la razón de que, mientras en Europa la media es del 48%, la media de  españoles menores de 30 años sigan viviendo en casa de sus padres es el 78%, un 53,8% de los jóvenes en paro. “Juventud” y “contrato temporal” son sinónimos. Ya se sabe: trabajo sin derechos de jornada, vacaciones, horario, sindicalización, etc, salarios basura, más inseguridad laboral,  menos productividad…, y en consecuencia, más conflicto social latente (y electoralmente ya en ciernes) y una falsa “salida de la crisis”.

– el fracaso de las políticas activas de empleo.

– la deficiencia de la formación profesional dual, pese a los continuos requerimientos de la UE al Gobierno español. Se denuncia desde la OCDE la brecha educativa existente entre España y otros países de la UE: el doble de universitarios que Italia pero menos formación profesional o con bachillerato como titulación; y al mismo tiempo, según el Informe Pisa, “la proporción de trabajadores con el nivel más alto de competencia roza la mitad de la media de la OCDE”. Y el porcentaje de repetidores entre los menores de 15 años duplica la media de la OCDE, mientras el de la tasa de abandono escolar dobla la media de la UE. La “sobrecualificación” de España se muestra en que la UE se acerca al 20%, mientras en España llega al 35%. Hay un 55% de jóvenes que trabajan en empleos por debajo de su cualificación, y “les quitan” el puesto de trabajo a los de menor cualificación profesional; hecho que se adecua a un modelo productivo dependiente del sector servicios, del turismo, la hostelería y el comercio, ofrece sobre todo empleos pocos cualificados.            

Con estos datos, la interpretación realizada por este Gobierno es simplemente impúdica. El cinismo llegó al máximo con las declaraciones del ministro de Economía, de Guindos: “en España se ha perdido el miedo a perder el puesto de trabajo”; hasta la habitualmente imprudente Báñez tuvo que matizarle diciendo que la mayoría de la sociedad española tiene confianza en encontrar un empleo en los próximos meses”. Pero la EPA desmiente incluso esto, pues demuestra que los parados que buscan empleo siguen con el mismo “efecto desánimo”, como demuestra el dato de la salida de inmigrantes (casi un millón de personas, entre autóctonos e inmigrantes que han regresado a su país de origen o han salido de España hacia otros países menos periféricos, con auténtica capacidad de creación de empleo).

El gabinete técnico de CC OO tiene otra versión menos gloriosa de los mismos datos: “Después de la reforma laboral, que facilitó el despido, en la contratación indefinida hay mucha más rotación, o sea, que las horas trabajadas no crecen, sino que se reparten entre más personas,, y cada una de ellas cobran menos, ahorrándose el empresario despedidor una pasta al sustituir a un trabajador con empleo digno por dos con empleo basura. Lógico. La reforma laboral de Rajoy ha incrementado los incentivos temporales para que el contrato-tipo facilite el empleo indefinido, pero incluyéndolo en el primer año a prueba, sin coste de despido.

Y para colmo, ni siquiera el optimismo exhibido por Rajoy y su ministro De Guindos sobre la recuperación económica es verosímil:

– El PIB ha caído nueve puntos (90.000 millones de euros).

– España debe 3,2 billones de euros en total. La deuda pública ha superado el billón de euros, el 100% del PIB. Es el dato oficial al inicio de 2015, cuando en el tercer trimestre de 2014 se situaba en el 96,8% del PIB, y sólo llegaba al 70,5% del PIB en 2011. Pero la deuda privada sigue siendo más preocupante que la pública: son otros dos billones de euros. Entre la deuda que mantienen los hogares y las empresas. Producimos la tercera parte de lo que nos gastamos en un año. Pero lo más preocupante es que la deuda externa neta (activos españoles en el exterior menos préstamos financiados desde fuera), supera también los 1,1 billones de euros, por encima del 100% del PIB. En términos relativos al volumen de nuestro peso económico, España es el país desarrollado con más deuda neta.

Imposible devolver esta deuda, salvo que se reestructure, como queremos IU y Podemos, y el Grupo de la Izquierda Europea. Analistas como Walter Múnchau, columnista en el Financial Times, confirman que somos los únicos que tenemos un planteamiento realista, que debería extenderse a toda la eurozona.             

La UE desconfianza de un modelo productivo que basa sus éxitos en la leve recuperación de los servicios (turismo) y construcción (de nuevo). Bruselas recela del ‘niño modelo’ de Europa y exige a España nuevos ajustes para garantizar que cumple con los objetivos de déficit (4,2% en 2015 y menos del 3% en 2016), y una nueva vuelta de tuerca al mercado laboral. Exigencia que se hace más perentoria en la medida en que el Gobierno ha aprobado la reforma fiscal que prevé una rebaja en la recaudación de impuestos.

La UE se pone nerviosa por el posible triunfo electoral de Syriza en Grecia, y que esta perspectiva se repita en España (Grecia es el 2% del PIB europeo, pero España es la cuarta economía europea) si Podemos madura de aquí a entonces, y fragua la unidad popular que la izquierda y mucha más gente en España quiere, y por la que apuesta la izquierda europea, Tsipras entre otros.

2015 puede ser el año del inicio de la recuperación europea, si a una inflación baja, una deflación controlada (de momento) y una caída del precio del petróleo como la actual, se une el cambio de rumbo de la estrategia económica europea. Tsipras puede ayudar mucho a esto,  ganando el próximo 25 de enero en las elecciones griegas; y la unidad popular IU-Podemos-etc. si gana en España las elecciones generales en noviembre. Pero puede también ser un año de gran inestabilidad política y social: Grecia va a ser el banco de pruebas de la recuperación económica española, que está en cuidados paliativos permanentes, pues su enfermedad económica es crónica, y su profilaxis, pura cosmética.

La inestabilidad puede haber comenzado ya: en los tres meses de julio a septiembre se han producido salida de capitales en España que han afectado a la fluctuación de las Bolsas española y europeas, y al flujo de capitales en la economía de los países del sur de Europa, los periféricos de la germanizada UE.

Que existen responsabilidades políticas del PSOE-A por la negligencia con que ha gestionado las ayudas y subvenciones a las empresas o administraciones, y políticas activas de empleo (EREs, formación para el empleo, dietas de los representantes de los órganos creados al calor de la concertación social), es –a mi parecer- evidente. Y me atrevo a decir que el PSOE-A ya ha pagado en parte el coste político que han merecido esas irresponsabilidades del pasado. Ahí están los resultados de las pasadas elecciones andaluzas, e incluso las encuestas que les prometen una nueva caída de votos. Respecto a las responsabilidades penales de los que han cometido ilegalidades para su propio provecho o para la financiación de su partido o sindicato, eso lo decidirán los jueces.

Pero si el PP-A no aprovecha esa coyuntura para apuntalar la ventaja electoral obtenida en las elecciones andaluzas de 2012, es por dos razones: primera, porque el PP nacional utiliza al PP-A como una mala franquicia; segunda, porque el PP-A se equivoca de estrategia centrando su crítica en la corrupción del gobierno andaluz y en su mala gestión. En cuanto a lo primero, mejor se calla, pues el PP en general no tiene autoridad moral para hablar de la corrupción de otros, a estas alturas de la película. Respecto a la presunta mala gestión, porque es notorio que tras esta crítica se oculta su ideología: reducción de lo público, deconstrucción de los servicios públicos (sanidad, educación, dependencia, políticas activas de empleo, prestaciones a desempleados…) mediante su privatización, etc.

Como ejemplo, centrémonos en cómo oculta su verdadera intención a la hora de criticar cómo se han gestionado los fondos europeos en Andalucía. Deberían ser ayudas al cambio de modelo productivo como predican, es verdad, pero no llegan a eso. En eso  coincido con el señor Moreno Bonilla y cía. Pero no por los mismos motivos. En el fondo el PP-A no quiere que estos fondos europeos se inviertan en políticas activas de empleo: de ahí que su campaña anticorrupción “casualmente” se centre siempre en cómo se han “gestionado” los EREs, las ayudas a la formación para el empleo, y ahora incluso las ayudas a los que dicen ser su base social, los empresarios, en concreto los autónomos.

Su auténtica preocupación es ahorrarle dinero a Montoro en Andalucía para que esta comunidad (como las demás, pero en ésta que no gobiernan, especialmente) cumpla el objetivo del déficit, que es la política prioritaria del Gobierno de España y del PP, como partidario neoliberal consecuente que es.

La estabilidad del euro es la máxima prioridad de la única política económica en la que nuestro marco geopolítico diferencial (la eurozona, dentro de la UE) les preocupa a los neoliberales y sus socios europeos (los social-liberales). Con ello cumplen dos objetivos: a) que los países que puedan (los centrales de la UE) sean “competitivos” en la economía globalizada; b) que se fragüe una división internacional del trabajo donde, dentro del contexto económico mundial (la desglobalización del actual proceso de regionalización del planeta), existan países que reciban los frutos de un nuevo modelo económico basado en el conocimiento (Alemania en la UE dice que necesita aún 80.000 inmigrantes europeos cualificados para desarrollar la innovación  de su base industria), y otros países periféricos (España colonizada por el rescate bancario y los otros estados colonizados por los rescates de la deuda soberana) donde se mantenga un modelo económico residual, no competitivo, semisubvencinados, a cambio de que no les salga demasiado caro. El Bundesbank manda en el BCE. El cumplimiento del déficit es la prioridad política los “populares” europeos y españoles; y de los de Andalucía, también.

¿Y cómo piensan cumplir el déficit? Podría producirse una fractura de la UE, que ya algunos economistas incluso recomiendan, en función de la que algunos países se saldrían del euro, o incluso tendrían dos monedas, el euro de cara a las transacciones internacionales de los agentes o corporaciones “competitivas”, y una propia de cara a las “cosas de casa”. Hasta ahora la estrategia no es esa. Sigue siendo la del mantenimiento de la estabilidad del euro. Lo estamos viendo: la renuncia a la devaluación del euro da paso a una tenue flexibilización del ajuste, a cambio de la devaluación interna que de por sí significan los recortes de los costes empresariales, con la disminución del salario directo (nóminas, jornada a tiempo parcial, pérdida de derechos de los trabajadores, recorte del poder sindical) y del salario indirecto (recortes de los servicios públicos del estado del bienestar y de toda la “grasa” pública que no sea “imprescindible” para la expansión de las multinacionales (instituciones de la democracia representativa, recentralización del Estado, privatizaciones, pero, eso sí, ayudas generosas para que las grandes compañías realicen fusiones de compañías que garanticen la acumulación cortoplacista de los beneficios en todos los ámbitos de la explotación de los recursos (el agua, el subsuelo, el aire…), grandes infraestructuras, transporte transfronterizo para que las corporaciones competitivas penetran con sus productos en los países periféricos, etc).

Las ayudas o fondos de la UE son  pequeñas dádivas que garantizan esos objetivos de la UE, al tiempo que amortigüen el conflicto social lo más posible y eviten salidas “populistas” de los indignados. Aunque, por si las moscas, aprueban la ley mordaza. Pero incluso esos fondos europeos deben ser lo más escasos posible: el presupuesto de la UE no se amplía, sino que se recorta; y debe servir a los países-frontera de la UE (Marruecos, por ejemplo) para frenar la invasión de los inmigrantes pauperizados en sus esquilmados países de origen.

No se puede servir a dos señores, dice la Biblia. Por eso el PP-A tiene una difícil papeleta: no puede defender los intereses de Andalucía consecuentemente (“periferia de la periferia” de la UE en primer grado y del Estado español en su segundo escalón) y al mismo tiempo responder al reto de contribuir a que salga hacia adelante la política deconstruccionista y recentralizadora marcada como prioritaria por el tándem Merkel-Guindos-Rajoy. Por eso se les ha ocurrido el viejo truco de lanzar al galgo detrás de una liebre de trapo: la mala gestión y la corrupción de los gestores de la Junta de Andalucía es la clave de lo poco que cunden los fondos europeos en la salida de Andalucía de esos macroindicadores: paro insoportable, crecimiento de las desigualdades, deterioro de los servicios públicos, etc. Rajoy nos cuenta su cuento navideño de que la crisis es poca del pasado y esta Navidad va a ser la de la recuperación, pero todos datos indican que 2015 que se presenta movidito.

En Andalucía nos encontramos en esta situación no por culpa del gobierno de progreso, sino por el cinismo del PP, pues la culpa la tiene Montoro, que nos han quitado 5.000 millones de euros del Presupuesto de Andalucía desde que en 2007 eran 33.000 y para 2015 serán 28.000. El cogobierno PSOE-IU está haciendo virguerías para evitar el desmantelamiento del modelo público de los servicios esenciales, e incluso creando medidas para garantizar que a ningún andaluz o andaluza le falta trabajo, pan y techo. Pero la salida definitiva es un cambio de modelo productivo. El Plan Juncker no va a contribuir a que en Andalucía se produzca ese cambio. Pero al menos habrá que intentar que desde Europa lleguen más fondos para paliar situaciones desesperadas de gente que ya no puede soportar más el día a día de los recortes de comida, luz, agua, y dignidad. Las prioridades las marca Andalucía, nadie más.

Los andaluces y andaluzas no se creen ya los brochazos gordos de la crítica de un partido como el PP que cuando habla de corrupción habla de sí mismo. Y cuando habla de los logros de su política económica para sacarnos de la crisis, saben que en la Navidad lo típico es regalarles cuentos a los niños.

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