Un cuento navideño sobre corrupciones y mala gestión en Andalucía

Publicado: 6 enero 2015 en Uncategorized

Que existen responsabilidades políticas del PSOE-A por la negligencia con que ha gestionado las ayudas y subvenciones a las empresas o administraciones, y políticas activas de empleo (EREs, formación para el empleo, dietas de los representantes de los órganos creados al calor de la concertación social), es –a mi parecer- evidente. Y me atrevo a decir que el PSOE-A ya ha pagado en parte el coste político que han merecido esas irresponsabilidades del pasado. Ahí están los resultados de las pasadas elecciones andaluzas, e incluso las encuestas que les prometen una nueva caída de votos. Respecto a las responsabilidades penales de los que han cometido ilegalidades para su propio provecho o para la financiación de su partido o sindicato, eso lo decidirán los jueces.

Pero si el PP-A no aprovecha esa coyuntura para apuntalar la ventaja electoral obtenida en las elecciones andaluzas de 2012, es por dos razones: primera, porque el PP nacional utiliza al PP-A como una mala franquicia; segunda, porque el PP-A se equivoca de estrategia centrando su crítica en la corrupción del gobierno andaluz y en su mala gestión. En cuanto a lo primero, mejor se calla, pues el PP en general no tiene autoridad moral para hablar de la corrupción de otros, a estas alturas de la película. Respecto a la presunta mala gestión, porque es notorio que tras esta crítica se oculta su ideología: reducción de lo público, deconstrucción de los servicios públicos (sanidad, educación, dependencia, políticas activas de empleo, prestaciones a desempleados…) mediante su privatización, etc.

Como ejemplo, centrémonos en cómo oculta su verdadera intención a la hora de criticar cómo se han gestionado los fondos europeos en Andalucía. Deberían ser ayudas al cambio de modelo productivo como predican, es verdad, pero no llegan a eso. En eso  coincido con el señor Moreno Bonilla y cía. Pero no por los mismos motivos. En el fondo el PP-A no quiere que estos fondos europeos se inviertan en políticas activas de empleo: de ahí que su campaña anticorrupción “casualmente” se centre siempre en cómo se han “gestionado” los EREs, las ayudas a la formación para el empleo, y ahora incluso las ayudas a los que dicen ser su base social, los empresarios, en concreto los autónomos.

Su auténtica preocupación es ahorrarle dinero a Montoro en Andalucía para que esta comunidad (como las demás, pero en ésta que no gobiernan, especialmente) cumpla el objetivo del déficit, que es la política prioritaria del Gobierno de España y del PP, como partidario neoliberal consecuente que es.

La estabilidad del euro es la máxima prioridad de la única política económica en la que nuestro marco geopolítico diferencial (la eurozona, dentro de la UE) les preocupa a los neoliberales y sus socios europeos (los social-liberales). Con ello cumplen dos objetivos: a) que los países que puedan (los centrales de la UE) sean “competitivos” en la economía globalizada; b) que se fragüe una división internacional del trabajo donde, dentro del contexto económico mundial (la desglobalización del actual proceso de regionalización del planeta), existan países que reciban los frutos de un nuevo modelo económico basado en el conocimiento (Alemania en la UE dice que necesita aún 80.000 inmigrantes europeos cualificados para desarrollar la innovación  de su base industria), y otros países periféricos (España colonizada por el rescate bancario y los otros estados colonizados por los rescates de la deuda soberana) donde se mantenga un modelo económico residual, no competitivo, semisubvencinados, a cambio de que no les salga demasiado caro. El Bundesbank manda en el BCE. El cumplimiento del déficit es la prioridad política los “populares” europeos y españoles; y de los de Andalucía, también.

¿Y cómo piensan cumplir el déficit? Podría producirse una fractura de la UE, que ya algunos economistas incluso recomiendan, en función de la que algunos países se saldrían del euro, o incluso tendrían dos monedas, el euro de cara a las transacciones internacionales de los agentes o corporaciones “competitivas”, y una propia de cara a las “cosas de casa”. Hasta ahora la estrategia no es esa. Sigue siendo la del mantenimiento de la estabilidad del euro. Lo estamos viendo: la renuncia a la devaluación del euro da paso a una tenue flexibilización del ajuste, a cambio de la devaluación interna que de por sí significan los recortes de los costes empresariales, con la disminución del salario directo (nóminas, jornada a tiempo parcial, pérdida de derechos de los trabajadores, recorte del poder sindical) y del salario indirecto (recortes de los servicios públicos del estado del bienestar y de toda la “grasa” pública que no sea “imprescindible” para la expansión de las multinacionales (instituciones de la democracia representativa, recentralización del Estado, privatizaciones, pero, eso sí, ayudas generosas para que las grandes compañías realicen fusiones de compañías que garanticen la acumulación cortoplacista de los beneficios en todos los ámbitos de la explotación de los recursos (el agua, el subsuelo, el aire…), grandes infraestructuras, transporte transfronterizo para que las corporaciones competitivas penetran con sus productos en los países periféricos, etc).

Las ayudas o fondos de la UE son  pequeñas dádivas que garantizan esos objetivos de la UE, al tiempo que amortigüen el conflicto social lo más posible y eviten salidas “populistas” de los indignados. Aunque, por si las moscas, aprueban la ley mordaza. Pero incluso esos fondos europeos deben ser lo más escasos posible: el presupuesto de la UE no se amplía, sino que se recorta; y debe servir a los países-frontera de la UE (Marruecos, por ejemplo) para frenar la invasión de los inmigrantes pauperizados en sus esquilmados países de origen.

No se puede servir a dos señores, dice la Biblia. Por eso el PP-A tiene una difícil papeleta: no puede defender los intereses de Andalucía consecuentemente (“periferia de la periferia” de la UE en primer grado y del Estado español en su segundo escalón) y al mismo tiempo responder al reto de contribuir a que salga hacia adelante la política deconstruccionista y recentralizadora marcada como prioritaria por el tándem Merkel-Guindos-Rajoy. Por eso se les ha ocurrido el viejo truco de lanzar al galgo detrás de una liebre de trapo: la mala gestión y la corrupción de los gestores de la Junta de Andalucía es la clave de lo poco que cunden los fondos europeos en la salida de Andalucía de esos macroindicadores: paro insoportable, crecimiento de las desigualdades, deterioro de los servicios públicos, etc. Rajoy nos cuenta su cuento navideño de que la crisis es poca del pasado y esta Navidad va a ser la de la recuperación, pero todos datos indican que 2015 que se presenta movidito.

En Andalucía nos encontramos en esta situación no por culpa del gobierno de progreso, sino por el cinismo del PP, pues la culpa la tiene Montoro, que nos han quitado 5.000 millones de euros del Presupuesto de Andalucía desde que en 2007 eran 33.000 y para 2015 serán 28.000. El cogobierno PSOE-IU está haciendo virguerías para evitar el desmantelamiento del modelo público de los servicios esenciales, e incluso creando medidas para garantizar que a ningún andaluz o andaluza le falta trabajo, pan y techo. Pero la salida definitiva es un cambio de modelo productivo. El Plan Juncker no va a contribuir a que en Andalucía se produzca ese cambio. Pero al menos habrá que intentar que desde Europa lleguen más fondos para paliar situaciones desesperadas de gente que ya no puede soportar más el día a día de los recortes de comida, luz, agua, y dignidad. Las prioridades las marca Andalucía, nadie más.

Los andaluces y andaluzas no se creen ya los brochazos gordos de la crítica de un partido como el PP que cuando habla de corrupción habla de sí mismo. Y cuando habla de los logros de su política económica para sacarnos de la crisis, saben que en la Navidad lo típico es regalarles cuentos a los niños.

PVP141220

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