El “expectariado”: o Unidad Popular o “placebo de izquierdas”

Publicado: 10 enero 2015 en Uncategorized

Vicente Soria, de ATTAC-PV, en su artículo “Discurso dominante” nos enseña que “la maquinaria capitalista lleva trabajando varias décadas a pleno rendimiento para operar en la red neuronal de la sociedad cada vez con mayor eficacia […] Tienen muy entrenado nuestro cerebro, millones invertidos en psicología para este fin han dado unos maravillosos frutos, y en esta crisis se hace muy llevadero manejar los marcos conceptuales que han venido creando para dominar y mantener anestesiada a la marioneta zombi”. El cuarto poder ha subido escalones: ahora es el segundo, siempre después de la oligarquía financiera, y ahora por delante de los poderes democráticamente elegidos, el ejecutivo, el legislativo y el judicial (ambos ya supeditados al ejecutivo por las leyes electorales). Nos manipulan desde los grupos oligopólicamente constituidos, pese a que ahora podamos burlarles a través de acudir a la selección de algunos proveedores de información que nos permiten las redes. Pero la sobreinformación de esas redes digitales no impide que las TV y la prensa escrita sigan “siendo el rey”, como dice la canción mejicana de José Alfredo Jiménez. Este rey –alineado con la oligarquía político-financiera, son parte de ella- nos selecciona y categoriza nuestra información, nos informa, forma y conforma el pensamiento. Nos comen el coco, nos configuran y resetean el chip mental cuándo y cómo les interesa.

 Podemos ha logrado utilizar con gran aprovechamiento las redes sociales para conseguir unos resultados euroelectorales no esperados, y a través de esta “ruptura” con lo esperado en el mapa representativo (lo viejo, lo casposo, lo constitucional), obtener en las encuestas unas muy altas expectativas para el futuro electoral de las elecciones municipales, autonómicas y generales en España. Todo ello en 2015. El experimento de esos profesores universitarios de Madrid y otras universidades que hoy conocemos como “Podemos”, ha conseguido llevar a las urnas a una gran parte de los hasta ahora abstencionistas, arrastrar a los disgustados con las prácticas y engaños del bipartidismo, e incluso restarle a IU una buena parte de su esperado crecimiento. Podemos ha conseguido que gran parte de los indignados, movilizados por el trabajo y sobre las bases ideológico-programáticas de los militantes de IU, ICV, Equo, BNG, CHA, etc., se aglutinen primero electoral y después orgánicamente en torno a esa “expectativa”. Es una realidad. Negarla sería un error. La derecha puede permitirse ese lujo, pero la izquierda no.

Han puesto el acento en superar el engaño del bipartidismo, y también las viejas prácticas de “la casta”. En el saco de ese relato o discurso nos han metido a todos, incluso a los que hemos luchado por sus mismas ideas programáticas, o hemos criticado la Transición, o hemos denunciado la traición a la Constitución Española (que en su día fue calificada como la más avanzada del mundo civilizado, porque realmente lo era) realizada por los sucesivos gobiernos, y hemos propuesto hasta en el Congreso de los Diputados “hacer añicos el pasado” e ir a un nuevo proceso constituyente. Ambos hemos hecho lo que nuestras ideas y conciencias nos dictaban, y lo que hemos podido en función de nuestra trayectoria pasada: la Izquierda Plural en el Congreso (habíamos abierto el hueco en 1977) y en las redes sociales; Podemos, no en el Congreso (su presunta futura mayoría es una mera “expectativa” que se verá confirmada o no en noviembre de 2015), sí en las redes, y profusamente en las televisiones privadas y la prensa escrita.

 Curioso, ¿no? Que la Cuatro y la Sexta hayan y sigan dando tanta cancha a Podemos es cuando menos curioso. Y esto no lo han creado ni la habilidad de estos profesores universitarios (que la tienen), ni los cinco eurodiputados obtenidos por Podemos; Izquierda Plural ha conseguido seis y 600.000 votos más, y sin embargo los medios siguen dándonos nuestra exigua cuota de pantalla, y punto: formamos parte de la “expectativa”, pero a la baja. ¿Quién crea esa expectativa? ¿Quién forma nuestro chip? El rey, sigue siendo el rey de la canción mejicana, los medios de la comunicación de masas: desde la izquierda, todos los errores se le imputan al gobierno y el PP (con razón), toda la incapacidad de superar esa situación desde el bipartidismo al PSOE, y toda la capacidad de superarla a Podemos. Así, PSOE por sus políticas pasadas de ser la segunda opción del neoliberalismo, e IU por no haber conseguido su objetivo de movilizar lo suficiente (y por sus errores, que los hemos tenido también), se quedan en las encuestas con la flecha hacia abajo.

 Los medios y sus encuestas nos han convertido en unos consumidores ávidos de la “expectativa”: ha surgido una especie de “expectariado” paralelo y simultáneo al “precariado” en el que nos ha convertido en nuestro acceso al empleo y la dignidad de las condiciones de vida que nos permite el sistema capitalista, creando la “expectativa” de una salida a una crisis-estafa que ellos mismos habían provocado, mediante una autoritaria aplicación de su mayoría absoluta con el rescate a la banca, la reforma laboral y los recortes del Estado benefactor,

 ¿Triunfará esa operación “expectariado”? Nuestro deseo es que no, que Podemos siga aglutinando las expectantes voluntades de los indignados del pasado y del presente. Que gane las elecciones generales y abra hueco allí donde la izquierda no lo ha conseguido en tres decenios, sobre todo en las comunidades gobernadas por las burguesías nacionalistas. ¿Cómo no alegrarse de que en Grecia pueda ganar Syriza (“expectativa” próxima para este mismo 25 de enero?) ¿O que en Alemania avance Die Linke? ¿O que en España las encuestas le den a Podemos un horizonte del 20% ó más? Personalmente, me llena de esperanza que la salida de la indignación contra el sistema en estos países se oriente hacia una política de izquierdas, y no hacia el populismo de derechas de Francia, o de Reino Unido, Holanda…

 Pero algunos vamos a seguir defendiendo nuestras ideas en IU. La política siempre es correlación de fuerzas, o valentía, como decía Atticus Finch, en “Matar a un ruiseñor”: “Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final. Pase lo que pase. uno vence raras veces, pero alguna vez vence” . Estamos tan acostumbrados a perder de antemano, que ni nos dolerá. Al contrario, nos alegrará el éxito de Podemos, si lo consigue. Pero… (siempre hay uno o varios peros).

 Primer pero: IU ha hecho bien en mover banquillo, jugando a ganar con Alberto Garzón. La llegada a la parrilla de salida de una nueva generación con una cabeza tan lúcida como la de Alberto es un lujo y un acierto. Entre el expectariado ha caído muy bien la propuesta. Queda por saber si este nuevo protagonismo consigue repartir dividendos electorales con Podemos o no.

 Segundo pero: Podemos no debería asentar su éxito sobre una injusticia como la de meter a IU en eso de la casta. ¿Somos “casta” los mindundis que hemos vivido intentando acumular fuerzas ciudadanas (unos más obreristas, otros más ciudadanistas) y llevar a las instituciones democráticas –ayuntamientos, diputaciones, autonomías, Congreso, Senado, Parlamento Europeo- lo que los indignados o agraviados de cada momento nos pedían, o incluso lo que a nosotros mismos se nos ocurría, sin apenas participación y con una honestidad a toda prueba de la corrupción ambiente? Razones de ética (saben que es una gran mentira que IU sea o haya sido “casta”) y de eficiencia política (luego hablaremos de las ventajas de la “unidad popular”) avalan este pero.

Tercer pero: Decididamente, todos somos “casta”. Pues al ponernos “magníficos”, pontificando sobre lo que nos conviene a todos, lo hacemos sustituyendo a los demás. Dicho a lo claro: que todos hablamos en nombre del pueblo, de la gente, de la mayoría, de los demás. Por mucho que abramos otros cauces digitales o presenciales a la participación Desde ese momento, somos “casta”, estemos o no en algún gobierno, municipal, andaluz o estatal, hayamos gobernado o no en el pasado, hayamos ostentado representación institucional o no, hayamos sido elegidos o no en convocatorias electorales, o simplemente hayan sido las encuestas las que no hayan elevado a los cielos representativos, o sea el siempre coyuntural arropo de las mareas movilizadoras surgidas del 15-M, del 28-F, del 22-M o de otras marchas a mayor gloria de la dignidad de la ciudadanía (por supuesto) y sobre todo de nosotros mismos, los que nos movilizamos para llegar a buen puerto en la primera ocasión que tengamos de presentarnos a algún evento electoral.

 Cuarto pero: Vienen curvas, pues a lo largo de 2015, la operación “expectariado” va a cambiar su objetivo privilegiado, va a mover su eje desde Podemos hacia el reforzamiento de los partidos del bipartidismo, y su entendimiento en un futuro gobierno PP-PSOE, o PSOE-PP, que lo mismo les da. Un triunfo del “populismo de izquierdas” les preocupa mucho, y van a hacer todo lo posible para evitar que el futuro de la economía española se mueva en el sentido contrario al que marquen los mercados. La prueba es la entrada de la Merkel en la campaña griega. Como un elefante en una cacharrería.

 Quinto pero: La búsqueda del voto del centro puede restar más que sumar. Alemania va a intentar no pagar un euro en la necesaria reestructuración de la deuda y en el incremento de inversiones del sector público. Los liberales y la derecha ya no controlan ni siquiera a su extremo xenófobo, neonazi y racista. Véase el éxito de Marine Le Pen en Francia (ya es en parte realidad, pero también en parte fruto del expectariado). Y los partidos considerados por el electorado hasta ahora de centro-izquierda de Europa, los socialdemócratas y los socialistas tampoco son alternativa: han pactado el inmovilismo en el Parlamento y el gobierno europeo.

 Pueden ponerse muy izquierdosos cuando están en la oposición, como actualmente Pedro Sánchez en el PSOE español. Pero todo el mundo sabe que una vez alcance el “poder” del Gobierno, sentirá la necesidad de la respetabilidad y reconocimiento de “la comunidad internacional”. Como le ocurrió a François Hollande que al llegar a la presidencia de Francia descubrió que la oferta crea demanda. Lo mismo le pasó a Felipe Gonzalez en cuanto se quitó la chaqueta de pana: que descubrió a la Guardia Civil.

 ¿Qué descubrirá Podemos cuando llegue al gobierno? Como estoy convencido de que “no todos los políticos son iguales” (al contrario de lo que predican los que nos acusan a los demás de ser casta), estoy convencido de que Pablo Iglesias no tiene por qué descubrir nada que le aleje del programa con que se presente. Pero de salida ya hay varios elementos que me mosquean un poco:

 – primero, que en esa estructura piramidal y caudillista de que ha dotado a su partido, el programa de Podemos será el que más convenza a Pablo Iglesias y su equipo de 20 personas;

 – segundo, respecto del pre-programa elaborado por Juan Torres y Viçens Navarro, aceptando que tiene un enfoque coherente para gestionar el riesgo económico posterior a la crisis, sin embargo: a) al aterrizar en medidas concretas abusa de ciertas ambigüedades, de las remisiones a “estudiar la posibilidad de”, o “buscar alianzas en”, o “dar participación para”, o “crear un gran pacto”; b) se recomienda acudir a expertos en los temas sectoriales; c) el enfoque del pre-programa cojea en la defensa de los derechos laborales, o al menos obvia la recuperación del carácter tuitivo del Derecho del Trabajo; se inclina más por las reformas “ciudadanistas”.

No denuncio que estos ilustres académicos agüen los contenidos de sus propuestas, sino que señalo que entre todos nos pueden estar preparando el cuerpo (consciente o inconscientemente) para que el Pablo Iglesias-presidente pueda aguarlos sin que le acusen de incumplir el programa.
El “expectariado”, por propia naturaleza, necesita creerse lo que le dicen desde su opción. Lo mismo que el “precariado” necesita creer que su situación es transitoria, que va a cambiar su suerte y va a encontrar un empleo indefinido, una vida digna, y se va a convertir en el consumidor que era “antes de la crisis”. En realidad, lo viejo es el “proletariado”, esa vieja y obsoleta formación social que requería la consigna voluntarista del “proletarios del mundo, uníos”. Y después, montar sindicatos, partidos y revoluciones (¡menudo marrón!). Era la política de izquierdas. Eso es de otra época. Al “precariado” las consignas le venían de las grandes corporaciones y sus redes consumistas, y de los empresarios abusones que jugaban a ahormar la ley con las cartas marcadas. Y al “expectariado” actual (indignado, pero muy consciente de que de esta crisis no se sale como estábamos antes) le basta con que unas cuantas redes sociales o digitales y los medios de comunicación ya citados les muestren una cara joven (con o sin coleta) que denosta todo lo viejo, que centra su discurso más en la reforma formal de “la política” que en los contenidos, y que en cuanto al contenido del programa crea un imaginario futuro ambiguo, que no es de derechas, pero tampoco exactamente de izquierdas.

 Para esta nueva formación social que es el “expectariado” lo más importante es reformar “la política” cambiando cuatro cosas: 1º) “el relato”, (“relato, relato, relato”, diría el moderno Julio Anguita), una especie de discurso o catálogo de enunciados donde se mezclan ideas-guía y propuestas programáticas concretas, configurando un corpus doctrinal siempre más laxo e impreciso que el programa; 2º) las caras y la imagen (tipo H&M, a ser posible), 3º) los métodos de participación interna para evitar el dirigismo y la corrupción; 4º) los mecanismos de participación de la ciudadanía para superar la democracia participativa y hacer más real la democracia.

Para los que se empeñan en buscar diferencias entre “lo viejo” que es IU y “lo nuevo” que es la fórmula Podemos, poco importa que la renovación de esos métodos internos ya haya sido ensayada por IU y forme parte de su ADN: a) la asamblea fue inventada por IU como célula orgánica básica, decisoria en su ámbito local, de distrito, etc.; b) las asambleas siempre han estado abiertas a los simpatizantes y la prensa (salvo situaciones raras y excepcionales); c) a las asambleas sectoriales se les llama “áreas” en IU; d) todos los militantes de IU han podido votar siempre a sus dirigentes y candidatos; e) los programas se han elaborado contando con la participación de la gente que ha querido hacerlo; f) la decisión de entrar a formar cogobiernos con otros partidos se decide en asamblea; g) los cargos públicos siempre han tenido un “estatuto” o código ético al que atenerse, que en general se ha cumplido; h) siempre ha habido una limitación de mandatos (dos, prorrogables hasta tres si no 60% de la asamblea lo aprueba; salvo en Marinaleda, claro); i) los dirigentes elegidos en cada ámbito controlan los censos, con respeto a la confidencialidad exigida por la ley.

Todo muy parecido entre IU y Podemos. Quizá la única gran diferencia es que IU es en sí misma el fruto de una confluencia de varias formaciones políticas, y en consecuencia hay mayorías y minorías. Cuestión de la que tampoco Podemos se salva, y debe, pues el pluralismo es una riqueza de la izquierda, no un estorbo a erradicar. En Podemos también existen minorías, pero no podido entrar en la dirección piramidal, que es monocolor, por decisión de la mayoría. En IU eso no puede pasar, pues por Estatutos las minorías tienen garantizada su presencia en todos los órganos, de abajo arriba. Syriza se parece en eso más a IU que a Podemos.

El que se empeñe en buscar diferencias viejo/nuevo en IU/Podemos, seguro que las encontrará. El que se empeñe en buscar similitudes, ahí tiene señaladas unas cuantas. Respecto a la mayor participación de la ciudadanía en la política hacia fuera, o en la mayor o menor concreción del programa o el relato, o las caras nuevas, no hay diferencias. Y respecto a ampliar la democracia en las instituciones, ahí hemos estado luchando por ello, codo con codo en las huelgas generales, en las mareas, en las marchas por la dignidad. Permitidme la broma. Respecto a la imagen, depende de preferencias: si Podemos logra aglutinar orgánicamente a profesionales y capas medias, deberá cambiar H&M por Zara, Zara por Cortefiel, y de ahí a El Corte Inglés… o mejor aceptar el pluralismo en cuanto a gustos y modas.

¿De dónde le viene a Podemos ese sectarismo respecto a IU? Saben los profesores Iglesias, Errejón, Monedero, etc. origen del experimento, que el “expectariado” busca la máxima eficacia, pues quiere ganar a todo costa. Podemos y los medios presentan a IU como un lastre. Pero los medios que controlan el chip del “expectariado” les engañan, al expectariado y a sus profesores-promotores (pues los oligarcas de la comunicación ya han empezado a desplegar la segunda fase de su estrategia mediático-política para el 2015, potenciar el bipartidismo y dividir a la izquierda alternativa): a) la ambigüedad del “relato” u orientación ideológica puede decepcionar a la gente que aspira a cambiar de verdad las cosas (ya se conforman con la bendición de Piketti, lo mismo que Pedro Sánchez); b) el rechazo a forjar la Unidad Popular por parte de Podemos en respuesta a las múltiples propuestas de IU puede irritar o desanimar a una buena parte de su base natural, que sigue siendo de izquierdas; c) las expectativas pueden salir bien o mal, esto es, se puedan perder las elecciones y no llegar al gobierno a la primera, y es preferible que Podemos reparta con IU responsabilidades a ser culpable de la división de una izquierda plural que hoy todavía es posible construir a favor de la mayoría social, incluida la del centro-izquierda; d) la decepción de los expectantes puede diluir durante décadas la confianza en soluciones a la izquierda, e incluso en la eficacia de la movilización social: porque si Podemos llega al gobierno, sus “soluciones” pueden parecerle a los afectados del día a día que se les quiere curar con una especie de “placebo de la izquierda”. (Para el que no sepa qué es un placebo: que en vez de la medicina más nueva, joven y eficaz que te han prometido, te intenten curar psicológicamente, con una pastilla de bicarbonato o una inyección de agua, pero en la que tú crees con fe ciega porque te la prescribe el médico).

No es inevitable correr todos esos riesgos. Frente a la oferta placebo de un Podemos en solitario para no ahuyentar el voto de centro, cabe apostar por la Unidad Popular donde converjan todas las fuerzas que quieren un cambio de verdad: Podemos y IU, y todas las demás. La Unidad Popular ofrece más garantías y ventajas. Los que quieran un cambio de verdad deben defender esa Unidad Popular frente a los sectarismos e intereses partidistas o personalistas de los partidos de izquierdas. ¿Nueva política? ¿Vieja casta? Veamos en los hechos quién es quién.
PVP150110

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