Archivos para mayo, 2015

Los representantes de la troika están hartos de presionar a Grecia sin avances significativos hacia las posiciones que ellos consideran necesarias. El eurogrupo y el BCE empiezan a ver inviable su intento de que el gobierno griego en manos de Syriza acepte un tercer rescate a cambio de medidas de ajuste fiscal. El nerviosismo ha estallado en la reunión de los ministros de finanzas, y se ha manifestado especialmente en las declaraciones del ministro de finanzas alemán Wolfgang Schäuble para el que el camino del acuerdo se está cerrando cada vez más: “No vamos en la dirección correcta; vamos por el camino equivocado. No me imagino cómo podemos alcanzar un acuerdo”. No olvidemos que la actitud alemana es decisiva para llegar a un acuerdo en el que sin duda Alemania tendrá que aportar más financiación que nadie. Y fiel a las consignas alemanas, Draghi ha amenazado en público y por tercera vez al negociador griego Varoufakis con cerrarle el grifo de la liquidez que aporta el BCE para el día a día del gasto heleno. El resumen que hizo de la reunión del eurogrupo su presidente Jeroen Dijssembloem es que los socios están que trinan con la postura griega.

Es normal. Todos los países de la eurozona han asumido como carneros dispuestos al sacrificio, poner el cuello de sus finanzas al servicio de la estrategia de reducir el déficit público a costa del bienestar de las capas populares. Así, en Irlanda, Portugal, España, Italia y la Grecia anterior a Syriza, sus gobiernos han aceptado recortar el gasto a costa de reducir los salarios, el poder de negociación sindical, las pensiones y los servicios públicos básicos de sanidad, educación y atención social a las personas en riesgo de exclusión, en eso que los tecnócratas han denominado “reformas estructurales”. Todo a cambio de endeudarse más aún con los bancos y otros agentes que compran en los mercados financieros la deuda soberna de esos países a intereses exorbitados. En esta tesitura ¿cómo quedarían los gobernantes de esos países que han pasado por el aro si los gobernantes griegos de Syriza consiguen un acuerdo en el que la oligarquía político-financiera antes llamada troika acepta las reformas propuestas por Tsypras y Varoufakis?

La soberbia de los neoliberales les hace ver visiones. Sueñan que la economía es la economía, la única posible. Los políticos neoliberales tienen por misión liberar del mercado los idealismos de los intervencionistas. Como Don Quijote, los neoliberales, adarga en ristre, arremeten contra socialistas, comunistas, populistas y todo aquel que anteponga los principios de la economía humanista (a lo José Luis Sampedro) al pragmatismo de la economía sin ideologías (a lo Fukuyama).

Los ministros de la eurozona se irritaron con Varoufakis, y han provocado que Tsipras le relegue a un segundo plano de la negociación, después de que el ministro utilizara Twitter para desahogarse, de forma inadecuada (hay que reconocerlo). Se han anotado un punto. Pero el problema de fondo subsiste. Los ministros económicos de la eurozona no comprenden que la izquierda griega de Syriza quiera hacer de Europa una unidad política donde la economía esté al servicio de las personas; y, en consecuencia, cuando a un país o segmento territorial de esa unidad europea le faltan ingresos para que sus ciudadanos accedan a los bienes elementales del empleo, la vivienda, la alimentación, el vestido, la sanidad, la educación, la cultura, etc., las instituciones europeas deban ejercer un papel de cohesión elemental; y por tanto, acudan a socializar parte de la riqueza mediante una fiscalidad comunitaria y un incremento presupuestario que permitan que quienes más tengan pongan más para cubrir los déficits de quienes no tienen lo elemental. Así debería ser, ¿no?

Pues no. Para los soñadores neoliberales, se debe respetar el sagrado principio de la “libertad” del mercado dentro de la Unión Europea garantizando la estabilidad del euro en base al incremento de las desigualdades entre unos países y otros; es decir, que los países que quieran forrarse a costa de la debilidad de otros, puedan hacerlo impunemente, protegidos por la férrea ley del único dogma económico posible (la ley de hierro del capitalismo, el incremento incesante del margen de beneficios del capital), por la única política posible (dejar la economía para las grandes corporaciones y los bancos, sin que los políticos intervengan). No se dan cuenta de que si los griegos no tienen liquidez para pagar a sus funcionarios y pensionistas, tampoco tendrán posibilidades de implementar sus ingresos presupuestarios por la vía del incremento de la demanda interna, o al menos del consumo. Lo que Xavier Vidal-Folch llama “el corsé de Alexis Tsipras” (El País, 150507) consiste precisamente en ese círculo vicioso en que la política de austeridad sume a Grecia. Ojo: el 4% de superávit primario previsto se ha convertido en un 1’5% de déficit, los depósitos bancarios han decaído en unos 20.000 millones, y la deuda pública ha aumentado del 177% al 180% del PIB, como destaca el columnista referido. El problema de la economía griega es real y se está incrementando. Pero ¿no está ligado a los desequilibrios territoriales de la UE y a los déficits estructurales de esta organización regional del capitalismo globalizado? Dicen que Alemania ya tiene previsto un plan B ante el inminente fracaso de la negociación de Grecia y el grupo de Bruselas. Pero si Grecia finalmente es conminada a salir del euro el fracaso no será solo del gobierno de Tsipras, sino de quien insiste en derribar los molinos de viento que los capitalistas confunden con monstruosos enemigos.

No, al atribuir la locura de Don Quijote a los capitalistas globales no me he confundido con la metáfora. Son ellos los que están en las nubes. Es verdad que en Grecia tiene que producirse un cambio de modelo económico, que incluya entre otras cosas un reajuste de la ineficiencia el gasto público; pero ese no es el dato prioritario. ¡Y lo sabes, eurogrupo!

La deuda griega no es solo la pública, sino la bancaria y la privada, tanto de los hogares como de las empresas. Javier Navascués[1] cree que un gobierno de unidad popular no está obligado a optar entre el impago de la deuda o la salida del euro. Navascués propone medidas alterntivas: Hace falta una reforma de la ley hipotecaria que acomode los pagos máximos por vivienda habitual a los ingresos, y que excepcionalmente, en casos de emergencia, establezca la expropiación forzosa del uso de la vivienda; para reestructurar la deuda pública, propone un impuesto sobre la riqueza, iniciando se está en los 250.000 euros/año, con un tipo del 20%, que afectaría a un 15% de la población, y con el que se encausarían 250.000 millones de euros; y para aminorar las deudas de las empresas, facilitarles los créditos suficientes para incentivar su producción, (pymes sobre todo), creación de la banca pública.

El gobierno griego de Syriza ha propuesto medidas de reforma: lo primero, luchar contra la corrupción y la evasión de impuestos, para así incrementar los ingresos públicos (ya han conseguido una lista de 24.000 investigados por la justicia, según Yiannis Bournous[2]); ley contra la crisis humanitaria para las familias en condiciones de extrema pobreza, que incluye la electricidad gratuita hasta 300 Kwh/mes; subsidios para viviendas de alquiler para 30.000 hogares (70 euros/persona o 220 euros/familia al mes); subsidios de alimentación a los ciudadanos en extrema necesidad; ley para reestructurar las deudas de los hogares sobreendeudados y de las pymes con el Estado; acceso universal a la sanidad, reducción de los costes de medicamentos, transporte público gratuitos para los parados de larga duración, reducción de impuestos sobre combustibles para calefacción, y medidas de reforma laboral para restablece la negociación colectiva, recuperar el empleo, establecer gradualmente u  salario  mínimo de 751 euros; recuperar las licencias ilegalmente utilizadas por los medios privados desde 1989; comisión parlamentaria para evaluar la deuda ilegítima; y otra comisión para reclamar a Alemania las reparaciones derivadas de la guerra y ocupación nazi de Grecia.

El eurogrupo se niega a entrar en el estudio de estas medidas, aunque prevé una partida para las ayudas sociales a los grupos en estados de mayor necesidad, siempre a cambio de que el gobierno griego acepte las “reformas estructurales” impuestas. Estamos ante un chantaje, no ante una negociación leal y equilibrada, entre iguales solidarios: por eso Tsipras tendrá que aflojar en sus exigencias, pues el gasto público griego necesita liquidez y existen plazos perentorios para el pago de los “rescates” anteriores, sean justos, injustos, o mitad y mitad. Pero el eurogrupo tiene que caerse del burro de una vez por todas y ser consecuente con ese giro económico que dice haber dado en el sentido de propiciar el crecimiento. ¿Grecia excluida? Los mercados financieros están inquietos, y volvemos a hablar del aumento de la prima de riesgos.

Syriza ha presentado a los griegos su programa. Lo ha hecho con honestidad, con un programa de izquierdas. Pero, una vez ganadas las elecciones, lógicamente ha de aplicarlo en la medida en que pueda, pues en democracia el pueblo manda; y el pueblo griego no le ha dado a Syriza la mayoría absoluta; incluso si lo hubiera hecho, el aliado europeo trabaja para el enemigo de clase, para los monopolios y la banca, y por tanto, para conseguir avanzar en el programa de Syriza, Tsipras debe negociar: ni claudicar ni imponer, simplemente negociar con toda la fuerza posible. Algunos columnistas en España afirman que Syriza ha calculado mal su fuerza. Syriza tiene el apoyo del pueblo griego y el respaldo de la izquierda europea. Ni más ni menos. A Syriza no se le puede pedir que sacrifique al pueblo griego sacándole del euro. Habrá que juzgarle no con la vara del cumplimiento de su programa electoral, sino con la del esfuerzo realizado para acercarse a ese objetivo y de la medida en que haya conseguido doblarle el pulso al neoliberalismo gobernante en la eurozona.

Negociar no es renunciar a los principios. Todos tendremos que aprender esto. Porque el futuro mapa político así lo exige, ya que no van a existir mayorías absolutas, los partidos tendrán que aprender a consensuar medidas, y nuestro pueblo tendrá que aprender a no creer en demagogos o salvadores carismáticos.

PVP150508  

[1] Javier Navascués: “Más allá del impago y la salida del euro”,  Mundo Obrero núm.284,  mayo 2015 pág.18.

[2] Yiannis Bournous: “Nuestra lucha en Grecia es la lucha de todos los pueblos de Europa”, Mundo Obrero núm.284,  mayo 2015 pág.22. El autor es miembro del Secretariado Político de Syriza y del Comité Ejecutivo del PIE.

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