Archivos para junio, 2015

Si la sociedad es plural y el poder está repartido en micropoderes como teorizó Foucault, las alianzas son imprescindibles, pues el sujeto del cambio también lo es. El cambio también es plural en la medida en que puede tener varios objetivos sectoriales (educativos, económicos, sociales, tecnológicos, regeneracionistas, …). Las alianzas no deben estar supeditadas exclusivamente a copar el espacio institucional, salvo que éste sea determinante para consolidar hegemonía en espacios importantes para acumular fuerzas y poder emplearlo en el cambio sustantivo o de contenidos. Y el papel de la organización es decisivo. Así como Marx cooperó en la creación de la Liga de los Comunistas y la Asociación Internacional de los Trabajadores y después propició su ruptura, hay que estar dispuestos a romper el instrumento del cambio y crear otros más adecuados al objetivo y al momento. Pero como Lenin y Trotsky se debe consolidar la organización bajo el único criterio de avanzar hacia el objetivo de unir a la clase (a la ciudadanía, al pueblo, como quiera que llamemos al sujeto del cambio) en torno a sus objetivos (el fin de la explotación, la apropiación de los medios de producción y reproducción, al menos de los estratégicos para conseguir una sociedad libre, justa e igualitaria.

Por eso me asusta tanto el lenguaje de algunos políticos emergentes o tradicionales que hacen acuerdos antinatura y lo justifican como los cambios de gobierno de comunidades autónomas o ayuntamientos que la gente había votado. El cambio por el cambio, el cambio sin contenidos o con contenidos meramente simbólicos, regeneracionistas, o de mero detalle ético o estético. La pedagogía que debe conllevar toda praxis política del partido u organización del impulso hacia el cambio profundo (huyo por pudor de llamarle “revolución”), queda relegada por el mero tacticismo.

¿Qué organización? De masas y participativa, plural y unitaria, laicista, progresista y de izquierdas, ecologista y defensora del desarrollo sostenible, igualitarista y defensora de los derechos civiles, económicos, sociales, laborales y políticos.

– De masas porque integre todo el que acepte su programa y estatutos;

– participativa porque propicie y practique la democracia participativa, mediante las técnicas más abiertas (asamblearismo, agrupaciones territoriales y sectoriales, dirección rotatoria, etc.) y a la carta (según la disponibilidad personal y colectiva), de forma que pueda existir diferentes niveles de militancia y simpatizantes, con igualdad de derechos;

– plural porque admita corrientes de opinión en su seno;

– unitaria porque en ella puedan integrarse organizaciones diversas que converjan en programa, ideario y objetivos;

– Laicista porque tiene claro tanto el respeto a las creencias religiosas de los ciudadanos, como la separación del Estado y sus instituciones respecto de la Iglesia Católica y las demás confesiones religiosas;

– progresista porque entienda la política de una perspectiva de defensa de los derechos humanos y los avances sociales, más allá de la adscripción de la clase de donde proceda;

– de izquierdas, no porque necesariamente se confiese ideológicamente de izquierdas (mejor es que sea el electorado de izquierdas quien así lo reconozca, mientras que los de sean de centro-izquierda o de centro liberal no tengan motivos para sentirse descartados de la convergencia que la unidad suponga), sino porque también integre a personas o grupos y partidos que se definan en función de su ideología o pertenencia a la clase obrera o segmentos sociales de las capas sociales más desfavorecidas;

– ecologista porque defienda un programa de defensa del equilibrio entre los avances tecnológicos, el desarrollo sostenible y el respeto a la naturaleza;

– igualitarista porque aporte en sus principios y programa la igualdad entre hombres y mujeres, así como la defensa de los derechos que defiende el feminismo;

– defensora de los derechos civiles, entre ellos el de una administración de justicia independiente, suficientemente dotada, y que imparta justicia gratuita a los menos pudientes, la libre expresión, reunión, manifestación, sin leyes mordaza o restricciones autoritarias, la libre orientación sexual, la emigración e inmigración, etc.;

– defensora de los derechos económicos como la democracia económica, un sistema fiscal progresivo, la planificación, la expropiación o reapropiación por interés general, la redistribución de la riqueza, la existencia de un sector público que garantice los derechos mínimos de los ciudadanos y el abastecimiento de los bienes y servicios básicos;

– defensora de los derechos sociales conquistados por los trabajadores y los ciudadanos en materias como la salud, la educación, la atención a menores, mayores, discapacitados, personas maltratadas;

– defensora de los derechos laborales de sindicación, de huelga, de consulta y codecisión institucional en materias  económicas y sociales, al salario mínimo, etc.;

– defensora de los derechos políticos a la elección de los representantes políticos y a la participación política más directa y amplia.

Un ideario como este puede dar lugar a una convergencia de muchos hombres, mujeres, jóvenes y mayores, de tendencias progresistas, de izquierda, de centro-izquierda, de centro-liberal incluso que elabore y apruebe democrática y participativamente un programa común, y dé lugar a la constitución de una organización común cuyo nombre seríá el que quieran entre todos y todas, pero que en la Chile de Salvador Allende y en otros países latinoamericanos ha sido llamada Unidad Popular. A eso me apuntaría yo y creo que muchos millones de personas más en España. Es una demanda popular. Es el momento propicio para el cambio. Pero para esto hace falta voluntad por parte de quienes hoy se organizan en los distintos partidos que tienen idearios y principios próximos a los descritos, tanto si son tradicionales (IU, ICV, CHA, CLIAS, Compromís, Anova, NaBai, Equo) como emergentes (Podemos). En los momentos en que esto escribo Podemos le ha respondido a IU que no quiere saber nada de unidad popular ni convergencia para las elecciones generales. Pablo Iglesias ha llamado a IU “cenizos”, y le dice que se retiren, como si la política fuese una cuestión de suerte. Para nombrar generales a sus soldados más destacados, Napoleón les preguntaba si tenían buena suerte. Coincidencias.

En este sentido caben dos alternativas: o que IU siga insistiendo al Podemos de Iglesias con esa propuesta, o que sean todo ese bloque de fuerzas las que constituyan esa convergencia o unidad popular. Puede que entre todos no saquen tantos votos como Podemos. Pero ¿podrá Podemos ganar sin los demás? Es muy difícil, yo diría que imposible. ¿PodRemos superar entre todos esta situación de división en que vamos a meter al pueblo en este momento propicio que hay que atrapar? El tren de la historia está a punto para Sali de la estación. Y si se pierde esta oportunidad histórica por culpa del cálculo erróneo de la dirección Iglesias de Podemos, ¿de quién será la responsabilidad de dejar pasar el momento de enterrar el bipartidismo, dar el sorpasso al PSOE e instalar una alternativa a la injusticia y la desigualad? Las elecciones municipales y autonómicas han demostrado las posibilidades de unos y otros. Si Pablo Iglesias no se ha dado cuenta de que en solitario no va a conseguir los objetivos de Podemos, serán sus votantes los que se lo dirán clarito en noviembre de 2015. Lástima. Pero, más allá del ámbito electoral, ¿cómo seguir la lucha social contra ese poderoso poder que es la banca y las multinacionales, la Iglesia y la carcundia hispana que seguirá incrustada en la sociedad española? Tanto si Podemos es presidente del futuro gobierno como si no, ¿se podrán recomponer las relaciones entre esa fuerza popular dividida y con un claro responsable? Y si se recompone, ¿seguirá el pueblo derrotado creyendo en unos partidos que le han hecho morder de nuevo el polvo?

(este artículo es el epílogo del libro que estoy escribiendo y que publicaré en su día con el título de “¿PodRemos?”. Te lo ofrezco con sumo gusto, pues es ahora –principios de las vacaciones de verano de 2015- cuando merece la pena reflexionar con algunas de estas ideas de coyuntura política)

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